Piramides de Egipto
Bookmark and Share

 
 
 
 


ANDRE JOUFFE LOUIS
PERIODISTA
djouffe@yahoo.com
LE MOULIN ROUGE
Febrero de 2015


EL TEATRO Y EL HOSPITAL

- Adios Pedro.
- La música de la soledad.



En primer lugar, una lágrima por Pedro Lemebel.

En la mayoría de los escenarios del mundo, un espectáculo comienza cuando se abren las cortinas si la obra las requiere, o se enfrenta la orquesta de frentón o una cámara negra. Por los parlantes se anuncian las instrucciones de rigor, como las salidas de emergencia, apagar los celulares. Antiguamente sacarse los sombreros y no fumar.

En esta ciudad me he encontrado con que el 85 por ciento de las funciones comienzan con discursos o largas presentaciones que se hacen soporíferas especialmente para los niños. A estos a veces hay que arrastrarlos al teatro y ya con esa introducción lo único que anhelan es huir. A lo que se suma que en muy contadas ocasiones procedemos a lo Coco Legrand: comenzar a la hora. El promedio es entre 15 y 25 minutos de retraso.

Ya sea porque los equipos no están bien instalados, los grupos ensayan o el público ha adquirido el hábito de atrasar su arribo al teatro, son varios los factores que confluyen en este aspecto. En algunas oportunidades, debemos esperar que ciertas personas terminen de tomar su jugo o lamer su barquillo antes de dejarlas pasar.

Cuesta educar al público. En las ocasiones en que se han cerrado las puertas a la hora, se arma la grande, nos insultan, cuestionan y la gente alega con argumentos tan absurdos como; "este es un bien público que se debe a la comunidad". Justamente por tal motivo debemos, por respeto a quienes fueron puntuales, comenzar a la hora exacta.

Todo este tramite provincial es innecesario, especialmente, asunto frecuente, si hay programa impreso de por medio. Eso de repetir la historia de la compañía, destacar sus virtudes y pasar avisos comerciales, abruma. El José Bohr es el teatro de Punta Arenas, capital de la Patagonia y no un sucucho de barrio donde pueden estar permitidas estas licencias.

Les aseguro que todo el personal, por reducido que sea, de capitán a paje, ponen de lo mejor para que los espectáculos resulten, aunque la mayoría sean albergados por el teatro ya que aparte de coros, teatro infantil y Ballet Municipal, este teatro acoge y por las dimensiones de la ciudad, sería demencial formar una ópera cuyos montajes son estrafalarios o un ballet clásico.

Ya vamos a cumplir dos años y medio y es hora de que aprendamos a llegar a la hora, no confundir la sala con la de un cine donde los pop corn vuelan por los aires y los baños merecen cierto respeto. Con esto quiero decir que los WC no deben acoger ni envases de cartón de jugos, envoltorios de helados y con toda sinceridad, toallas higiénicas.

Si ni en el hospital Clínico de Magallanes, no se puede arrojar ni papel confort al WC por sus deficiencias sanitarias, imagínense en un teatro que es mas delicado y sus desembocaduras más estrechas.

En cuanto al establecimiento asistencial admiro el tesón, la voluntad y el cariño del personal. Los invitaría a un hospital público norteamericano para comparar. En USA hasta garabatean a los pacientes. En España es común escuchar: "Y ese que no saca su tremendo culo de ahí".

Desde ese punto de vista, bravo para la gente del hospital en todas sus dependencias, incluido el psiquiátrico. Como para mí, en cierto modo la privacidad en lo personal casi no existe, les diré que he estado en casi todas las reparticiones del Lautaro Navarro y la impresión es óptima. Lo que no me explico que solo esparcen mermelada de durazno en el pan desde hace años.

Lo que tienen en común el Teatro y el Hospital son las terribles terminaciones. En el recinto de avenida Frei, de tres ganchos para colgar ropa en el baño, funciona uno; las placas de una especie de pluma vit de los cielos están sueltas y húmedas; muchas ampolletas no funcionan; a veces conseguir los medicamentos constituye una odisea. Que vengan médicos de Magallanes que trabajan tres días a la semana en Santiago, me parece espantoso. Los escasos especialistas, léase que en siquiatría hay solo tres, es un problema de eternas promesas y escasos cumplimientos.

Las fichas y las horas de entregas de medicamentos son irregulares. He revisado las horas de registro amarillas y muchos datos son alterados o inventados.

Lo que tienen en común todas las habitaciones es que los pacientes que están enfermos de relativa gravedad se aburren como ostras.

Han eliminado los televisores lo cual me parece magistral porque obligaban a tres pacientes a ver el mismo programa y a veces hasta altas horas de la noche. Actualmente los más cuicos llegan a las salas comunes con sus tablets, sus notebook y otros elementos que no producen molestias a terceros. Pero lo que no han eliminado es el uso del celular. De manera que a las cinco de la mañana uno puede escuchar: "Ya mi amorcito, yo también te amo mucho". O: "Me dan el alta mañana, por favor háganme una carnecita rica. Y los enamorados que se llaman hasta diez veces por hora para decirse lo mismo. Esto escapa al control de las enfermeras.

Por tal motivo debe imperar un horario de uso de celular o que los requisen de 22 horas hasta las siete de la mañana.

También es curioso ver como se pasean diferentes personajes ajenos al quehacer hospitalario. Pero comprendo, con escaso personal, difícil el control.

Vuelvo a lo original: tremendas construcciones teatro y hospital pero frágiles. Lo típico en las obras publicas y a veces privadas: fondos para construir pero cero peso pero para mantenimiento.

Culmino con la música de la soledad de ese hombre tan cordial, solidario y sencillo como lo es Ramón Díez Eterovic. Creo que le he leído todo y la verdad es que con los dos últimos ejemplares mas ha costado avanzar. A veces es positivo dejar de leer un tiempo largo a un autor para retomar el suspenso y la sal, y eso debería de hacer.

Paras quienes no han leído todo lo de Ramón, se los recomiendo, además toca política económica criminal contingente.
En todo caso es una reflexión propia porque por algo ha sido traducido en ocho idiomas.

Estoy tan aburrido con el tema de la fotografía. Mi mujer es monotemática y aparte de trabajar 20 horas diarias me está llevando a mi hija Isidora al taller y a los ocho años es prematuro estar tanto frente al computador. Hace menos de una década manifesté que si llegaba con ella hasta los ocho me daba por satisfecho. Quizás llegó el momento de la resignación, mas misión cumplida imposible.

Si Dios o el Gran Arquitecto lo desean, este martes salimos los dos solitos de vacaciones con unos seis días en Algarrobo donde espero ver a Lucho Villaman e Isabelle, oportuno porque en años más, si estamos vivos, hablaríamos puras leseras como dijo mi amigo ex embajador Fabio Vio Ugarte.



Por favor, sus comentarios.
No use tildes ni la letra ñ. Gracias.

HTML Comment Box is loading comments...

Compartir en Facebook