Piramides de Egipto
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ANDRE JOUFFE LOUIS
PERIODISTA
djouffe@yahoo.com
LE MOULIN ROUGE
Diciembre de 2014


EL GUANACO EN LAS MALVINAS BRETONAS

Puede haber sido una jugarreta de uno de los tripulantes del "Malborough" que quedó dando vueltas quien sabe dónde. Mire don Pancho, que esto quede entre los dos. Me basta con los adjetivos que me cuelgan como para regalarles otro como que ando viendo guanacos en la Gran Bé.



El hombre de cabello y barba blanca, camina lentamente por las estrechas calles adoquinadas de los intramuros del puerto bretón de Saint Malo.

A cada paso Francisco Coloane declama frases y palabras alusivas a la Patagonia chilena:" Tus ballenas", "Tus patagones arrinconados", "Esos onas empapados en grasas animales", "El guanaco blanco invasor causante de tantas muertes".

Silenciosamente, una multitud le sigue sin comprender nada. El estruendo de la voz del personaje de enorme estatura nativo de Quemchi, llena la atmósfera de un halo ajeno y misterioso; distante de la historia del lugar donde se encontraba, aporreado por los cañones ingleses. Saint Malo es un pueblo cuya tradición fue mantener su autonomía al tratar con las autoridades francesas, e incluso con las bretonas locales. Llegó a declararse a su misma como república independiente, tomando el lema "no franceses, no bretones, pero sí malvinenses".

Grita Coloane: "Evoco a mi Magallanes adoptivo, republica autónoma e independiente, con bandera e himno propio. En mi tierra no corrió el Napalm ni la bombardearon pero en cambio cortaron orejas, asesinaron a destajo. Fueron salvajes que se creían héroes, mutilando a otros que ellos denominaban salvajes. Y solo eran unos pobres e inocentes desgraciados".

La numerosa pléyade ingresa a un galpón inmenso dispuesto como comedor. Largos tablones sobre caballetes oficiaban de mesas para acoger a centenares de malvinenses que aplauden a don Pancho.

De lejos observa Patricio Manns: ¡"Acércate Tristán!, le grita Coloane."Ven a brindar con nosotros, los asombrosos viajeros".

Coloane sopea de un plato amarillo un caldo de pescado. Comenta al oído de otro vecino franco parlante que a todo dice que sí: "Sabe a nada, a estos peces les faltan los rigores del Pacífico". Manns escucha y asiente desde cierta distancia y bebe esos sorbos largos que secan la copa de una vez.

Los seguidores de don Pancho comentan la presencia del heterónimo de patagón, sus palabras no escatiman elogios de la concurrencia aun cuando no haya entendido nada de la santa monserga. El chilote de origen sabe y sonríe: "El mensaje les llega por la piel. La cena termina con un largo brindis con un "nos veremos el próximo año en otro encuentro de los asombrosos viajeros (1)".

A fines de mayo, el ocaso permanece flotando en la bahía hasta bien entrada la noche. La marea baja une tierra firme con la isla de Re, donde yace Chateaubriand. Al subir, cubre la playa y durante seis horas nadie puede acceder a pié. Los visitantes a la tumba suelen quedar aislados si no apuran el paso luego del homenaje al poeta.

- ¿Vamos Tristán?, invita Coloane.

- ¿Acaso no será un poquito tarde?, responde esquivo Patricio.

- No hombre, el cielo ya tiene estrellas que alumbran como faroles y tendremos una linda noche. En la peor de las circunstancias, pernoctamos. Estamos en primavera, te diría que es el trópico comparado con la Patagonia.

Con paso lento, Manns acompaña al hijo adoptivo de Magallanes en su incursión hacia la isla de la segunda nota de la escala musical.

Caminan por la playa hacia el pequeño promontorio; uno silba el otro canturrea. El agua tibia baña sus pies descalzos.

Al ascender el monte, Coloane suplica: "Despacito Patricio, soy un anciano. Supiera Elena en las que ando me quita la palabra hasta fin de año".

"Lo que no comprendo es porqué la llaman la Grand Bé a esta isla si se la conoce por Re.

- Sonará más musical; quizás la isla de allá al fondo se llama mi -ironiza el viejo- que se decía ballenero y mataba los cetáceos con arpón a mano.

Exhaustos y exánimes ambos, llegan a la cima y se sientan en una roca frente a Chateaubriand. Sus miradas se fijan en las otras islas, en las pequeñas embarcaciones que apuran el regreso al puerto. Rayos de extrañas luces como si provinieran de un set cinematográfico se filtran entre las gruesas nubes. La iluminación amarillenta de Saint Malo asoma por ventanas pequeñas.

Y en eso se quedan dormidos.

Al despertar, Re ha vuelto a su condición de isla.

Sonamos, exclama Manns.

¿Y que mas da? Hasta la noche es hermosa aquí.

- Su mujer me va a matar.

- Fue idea mía, además no tiene porqué saberlo. Soñemos que al frente no esta Saint Malo sino la Tierra del Fuego misma.

- Nos quedamos dormidos en Puerto Yartou.

- Claro y la lluvia cubrió el camino y por el otro lado la marea alta impidió el paso. Todo por culpa de este Chateaubriand. Oiga Patricio, se me abrió el apetito.

- Don Pancho, ese nombre da un hambre feroz. ¿Le cuento? Chateaubriand es un preparado del corazón del filete de vacuno, la cocción es mas bien tirada a rojo, ni siquiera a punto. La carne es tan blandita que puede partirla con el tenedor. Quizás este hombre, como Rossini, inventó platos que llevan su nombre. El tournedo Rossini es el filete envuelto en tocino.

- Córtala hombre, que se me hace Ermita la boca. (3)

Meditan cuando en eso, se les cruza ante su vista un guanaco.

- ¿Viste eso Patricio?

- No lo puedo creer.

- Fue una visión sin duda alguna, aquí no hay guanacos.

- ¿Pero lo viste, ¿No?

- Por supuesto, tomé bastante pero no para imaginarme animales patagónicos en la Bretaña.

- ¿Será una broma de Chateaubriand? Mira que este era medio pituco, su familia tenía castillos y fue antirrevolucionario y le debe de tener tirria a la izquierda.

- ¿Tenía humor el hombre?

- Supongo, pues si llegó a los ochenta años en tiempos en que te morías de un dolor de muelas es gracias a haber sabido vivir. Mas aún que ahora quedó demostrado que lo tuvo.

- Puede haber sido una jugarreta de uno de los tripulantes del "Malborough" que quedó dando vueltas quien sabe dónde (2). Mire don Pancho, que esto quede entre los dos. Me basta con los adjetivos que me cuelgan como para regalarles otro como que ando viendo guanacos en la Gran Bé.

- De acuerdo, si lo cuento dirán que estoy senil y capaz que no me dejen salir nunca más solo.

Los dos hombres se ponen de pié inician el descenso. Las aguas han sido divididas Como si por el lugar hubiese pasado Moisés. Las mareas en esa región frente al Canal de la Mancha provocan resacas de varios kilómetros que en cualquier otro lugar del mundo alertaría como tsunami en ciernes.

La playa recién barrida por el mar, es un acuario agonizante de almejas, ostras y pequeñas pancoras. Coloane se agacha, recoge una diminuta jaiva y se la mete al bolsillo. "Un recuerdo más para la casa".

Al ingresar a Saint Malo por la callecita de la Guardia, Manns propone: Don Pancho ¿Qué le parece un caldito de mariscos y un blanquito para calentar el cuerpo?

Coloane duda un poco. "El médico me va a matar, pero bueno, démosle nomás, aunque las pailas marinas de estos mares son aguachentas y ni pebre existe para echarle al pan".

Los hombres se pierden en las sombras de las callejuelas estrechas a la búsqueda de un pequeño bistró que abra a las ocho de la mañana. Mientras en la cumbre de la isla, Francois-René Chateaubriand esconde al guanaco fantasma en su tumba.

(1): Todos los años, Michel Le Bris, escritor y amante del mar organiza en Saint Malo un encuentro de escritores dedicados al relato relacionado con los océanos y la aventura llamado "Los asombrosos viajeros". En 1995, coincidieron Coloane y Manns. En este lugar existe el único museo con restos de los naufragios en la Patagonia. Aparte de haber sido cañoneada en la Edad Media por los ingleses, los norteamericanos bombardearon severamente Saint Malo donde se atrincheraron alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Fue en este lugar donde se usó por primera vez el NAPALM. En consecuencia es una ciudad nueva reconstruida sobre el modelo original.

(2): Vinos La Ermita era una marca de moda hasta los años setenta y un slogan radial rezaba: "Se me hacer Ermita la boca".

(3): El Marlborough zarpó en 1890 desde Nueva Zelandia. Viajó 23 años para Aparecer en el extremo sur de Chile, en uno de los mares más difíciles de navegar tripulado sólo por esqueletos humanos. Cuando lugareños subieron a bordo, se espantaron de tal manera que dejaron que la nave siguiera a la deriva. Desapareció por los recovecos del Estrecho y nunca más se supo del barco y sus tripulantes. Se sospecha que el Malborough quedó atrapado durante más de dos décadas en el hielo Antártico, y esto explicaría que los esqueletos de la tripulación, alrededor de una mesa, se mantuvieran en sus sitios intactos por tanto tiempo.



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