Piramides de Egipto
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ANDRE JOUFFE LOUIS
PERIODISTA
djouffe@yahoo.com
LE MOULIN ROUGE
Diciembre de 2014


ADIOS AL SEXO REAL

- Quebrar la voz, perder la audición.
- El Zapato perdido a bordo del avión presidencial.



El fenómeno arrojó sus primeras muestras en Japón cuando una encuesta del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar dio la cifra que el 35.1 de los varones y el 59 por ciento de las mujeres sentían aversión o desinterés total hacia el sexo. Y la gran mayoría ni siquiera lo había experimentado.

Los argumentos iniciales fueron ingenuos; falta de tiempo o de privacidad. Pero con el tiempo se descorrió el telón y surgieron otras causas; les daba lata, era mejor hacerlo por Internet y otros recursos virtuales.

Pronto estas encuestas fueron realizadas en Europa donde cifras importantes, especialmente en varones, demostraron que sin información o intercambio de por medio, el desinterés sexual de los hombres, especialmente, había caído bajo la línea de flotación.

En este caso los argumentos esgrimidos fueron malas experiencias, que ya eran adultos y habían vivido lo suyo, que tenían hijos grandes, que era más fácil sublimar con footing o gimnasia, que era más económico y, lo más grave, eludía la tarea de la seducción. Ellas por su parte también aludieron a que los piropos y métodos eran siempre los mismos y que la consecuencia final, todo esto en el universo de solteros y separados, era la soledad. La autosatisfacción corría por ambas partes iguales.

Chile tampoco esta ajeno. En la calle General Holley de Providencia en un pequeño departamento comenzó a funcionar un local llamado "Happy Jane", abastecedor de juguetes, así los denominan, especialmente para mujeres. Pronto abrió otra sucursal al lado del bar The Clinic en la calle José Miguel de la Barra y en la actualidad la empresa realiza envíos por pedido vía Internet. El Happy Jane es un fenómeno sobre el cual poco se ha escrito pero cuya clientela es enorme.

Fríamente una clienta me comentó en el mes de noviembre pasado que sus motivos eran en este orden: comodidad (se presiona un botón y el sustituto funciona), higiene, ausencia de riesgo y adaptación a gusto. La persona fue casada, tenía hijos, pretendientes pero optó por un elemento adaptable aunque reconoce que no es lo mismo pero ofrece otras compensaciones.

Este tipo de juguetes, que comenzaron a circular a fines de los años sesenta en forma burda como nuevos horizontes para el sexo (alargadores, bolitas chinas, cremas que provocan escozor), se han ido sofisticando y constituyen un comercio mundial de consideración.

En el caso de los hombres, sin apelar a los objetos de Happy Jane, los entrevistados en Estados Unidos y Europa, ejercitan la fantasía y con eso ahorran la seducción, la salida y el compromiso.

El tema dista de ser gracioso, ni siquiera debería despertar curiosidad. Porque si sumamos esto a las campañas obligatorias abortivas como ocurre en la República Popular China cuando la ecografía demuestra una niña en camino o en otros lugares que apelan a recursos tan brutos, es cierto que la demografía mundial tenderá a la baja por mucho que digan que negros y musulmanes generan tres críos contra uno de otra raza o creencia.

Hambre va a existir siempre mientras se mantenga la espantosa distribución del alimento. Mientras una mujer de Etiopía deba caminar cinco kilómetros diarios para llenar su balde de agua. Cuando los masai de Kenya continúen buscando agua con su tremendo bastón en mano a pata pelada. ¿Por qué el bastón se preguntará usted? Para dar un golpe certero en la cabeza de la serpiente que se le cruza en el camino en las interminables sabanas cerca de Mombasa o Nairobi. Mientras tanto, vamos procreando en masa donde crece la hambruna.

Los resultados que dimos anteriormente concuerdan con otro sondeo hecho por O-net entre 800 japoneses menores de 20 años, según el cual 83,7 por ciento de hombres confesaron que no estaban en una relación sentimental y 49,3 admitieron no haber tenido nunca novia.

Se les llama herbívoros por su extrema timidez al seducir a una mujer o por tener muy poco interés en el sexo opuesto. "Sin duda hay un creciente desinterés por las relaciones humanas en una sociedad que vive muy ocupada", dijo al diario The Wall Street Journal Kunio Kitamura, quien participó en el estudio.

Imperdonable resulta que un pasajero abandone la gira presidencial, no importa bajo qué circunstancias.
En 1990, en escala en Ciudad de México, me avisan de Santiago que Stefano Casiraghi, esposo de Carolina de Mónaco ha fallecido en un accidente en catamarán. Como la gira del presidente Aylwin a la Asamblea de la ONU había concluido como asimismo su reunión con George Bush, cambio y fuera.

Lo que es natural para uno, no lo es para el protocolo. Ese mismo día compramos pasajes en Iberia y partí a la Costa Azul para cubrir lo que era materia prima para la revista. Pese a la sonrisa y buenos deseos de Carlos Bascuñán, yerno del Presidente, integré al momento la lista de las personas non gratas en materia de ser incluido en delegaciones, por lo menos durante su mandato.

En el de Frei le tocó a la periodista Alejandra Matus, colega que según una azafata de la Fach estaba haciendo el amor con un compañero de ruta a diez mil metros de altura. Algo very exciting desde el punto de vista de la fantasía erótica, pero mal apreciado en la Moneda, especialmente si es a bordo de un aparato de la FACH y los anfitriones, es decir don Eduardo y doña Martita, muy católicos y conservadores en estas materias.

Tuve por otras circunstancias la oportunidad de volar en el "calambrito", así apodaban al añejo Boeing 707-100 de la Fach cuando no existían los aviones exclusivos para los presidentes. En Quito, durante la noche un soldado de guardia, perdió el control del arma y un disparo hirió un ala, sin mayores consecuencias. Casi las hubo mayores a la mañana siguiente cuando las turbinas no chupaban aire y fue curiosamente el hijo mayor de Carlos Cardoen quien intervino y despegamos del peligroso aeropuerto de la capital ecuatoriana donde meses después se estrellaría un Cubana de Aviación con la esposa y el hijo del parlamentario Alejandro Sule. Berenice era además nieta de Oswaldo Guayasamín.

En estos viajes, la presidenta tiene una especie de dormitorio y oficina en la parte inmediatamente detrás del cockpit; luego viene una especie de clase ejecutiva para políticos y empresarios y atrás, los medios de comunicación. La repartición de copete es moderada en este sector, para evitar sobresaltos, aun cuando algunos llevan petacas como ciertos actores cuando viajan a Punta Arenas; si portan botellas las azafatas las quitan aunque haya pataleo, cosa más frecuente de lo que ustedes se imaginan.

A raíz de la apnea que me afecta y a la cual me referí hace una semana, unos colegas quisieron cobrarse venganza. Ocurre, en el mismo mandato de don Patricio, que de una forma u otra, Pilar, una de las estupendas hijas de Belisario Velasco, logró embarcarme en el vuelo de regreso a Chile desde Río de Janeiro donde tuvo lugar la cumbre Internacional de Medio Ambiente, evento de gran ruido, pocas nueces, y cero objetivos. Hicieron la vista gorda, mi libro Las piernas de Mariana aun no aparecía y el capitulo de la deserción monegasca olvidado por el momento.

En estos aviones, los asientos cuentan con mayor espacio para estirar las piernas y casi todos nos sacamos los zapatos. Al parecer en el trayecto ronqué una vez más de la cuenta. Cruzando Mendoza anuncian el inicio del protocolo de aterrizaje. Busco los zapatos y solo encuentro uno. En cuatro patas, registro fila por fila el sector asignado a los periodistas. Nada. Pregunto y de respuesta puras sonrisas, encogimiento de hombros, un no sé, consumado. Siempre.

En la loza de Pudahuel, vacilaba entre la resignación y la vergüenza. Por suerte la delegación de segunda categoría desciende por la parte trasera. Y así, descalzo, a puro calcetín por suerte sin perforaciones, pasé la aduana y me fui a casa con un zapato en el maletín.

Ha pasado un cuarto de siglo, casi, de este capítulo y Francisco Martorell, de quien sospecho autor de la broma de pésimo gusto jamás me contó la verdad. Pero es muy difícil que un zapato se esfume al interior de un avión, ni en la Cenicienta y otros cuentos.

Una película belga, "El maestro de música", de Gerard Corbiau, 1988, relataba la historia de un cantante cuya voz se quiebra, en otras palabras ya no le sirve para sus apariciones líricas, durante una competencia de potencias vocales ante la Corte con un archirrival. Para vengarse prepara a un alumno durante años hasta lograr el enfrentamiento y su objetivo al derrotar al pupilo de su archienemigo.

Este capítulo es poco usual pero existe.

En alguna oportunidad, me referí a un amigo que tenía un barco, llamado Santa Rita en honor al vino de sus amores, anclado frente a la Torre Eiffel. Esas casas flotantes de fondo plano se llaman peniche. Ya veteranos sus ocupantes, lo vendieron a unos escultores rusos pues mantener una nave es diferente a una bicicleta y en cambió se hicieron de una casa en la región de Montpellier, cálida y de clima generoso, incluso con calores excesivos y vinos estupendos.

En algunas veladas, después de cenar y cuando su esposa Isabelle Godineau, periodista entonces de Radio Francia Internacional, tiempos de Recarte Soto y Cecilia Rovaretti en París, se retiraba a su alcoba, poníamos música y canturreábamos de Frank Sinatra a Richard Tauber. De este último algunos temas como aquel inspirado en el peñón de Loreley, junto al Rin y que en su lamento puedo traducirlo como "Ignoro lo que significa esta tristeza que me embarga, pero una leyenda de tiempos remotos, no logro sacarla de mi conciencia" (Ich weiss nicht was soll es bedeuten, das ich so traurig bin, ein maerchen aus uhralten zeiten, das komt mir nicht aus den sinn), que esta inspirada en versos de Heinrich Heine.

Esa es la parte de antecedentes.

Lo concreto es que una noche, del canturreo pasamos a cantar de verdad. Lo que ignoraba es que Luis Villamán, aparte de abogado, en sus años mozos era intérprete e incluso solista de conjuntos y se mandaba un vozarrón de una potencia deslumbrante ante el cual mi vocecilla-voz, que era potable nomás, quedaba nocaut.

Sin darme cuenta, seguí el ritmo de mi amigo con tanto entusiasmo, que de pronto quedé afónico. Y de la noche a la mañana nunca más pude recuperar siquiera una cuarta parte de mis capacidades vocales.

En la película la pelea por la voz es con pica, con odio y resentimiento. El veterano cantor derrotado queda con susurro para el confesionario. Por lo menos a mi me queda algo para hacerme escuchar.

Lo otro guarda relación con un asunto cotidiano. A Henry Kissinger que se lo pasaba el 80 por ciento de su vida en los aviones, la altura le cobró lo suyo a nivel cardiaco y le prohibieron volar. Pero son miles de pasajeros frecuentes que suelen pasar por alto el dolorcito a los oídos, especialmente en los aterrizajes o en las maniobras previas. Y con el tiempo ven afectada su audición.

En lo personal, mi padre embarcó en Ginebra en diciembre de 1960 y aterrizó en Tel Aviv dos horas después con una cascada permanente en el oído, que casi lo trastorna los primeros meses, hasta que tomó ese Niágara como parte de su existencia.

En lo personal hace 25 años, cuando comencé con la muletilla "¿Qué? Supe que ya no escuchaba normalmente. Los primeros días post vuelo, realmente debo dedicarme a leer los labios y me aterran los programas interrogados por televisión pues nada más desagradable que para el entrevistador, repetir una pregunta.

En consecuencia, evite las competencias vocales y masque chicle en vuelo. De algo servirá.



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