Piramides de Egipto
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ANDRE JOUFFE LOUIS
PERIODISTA
djouffe@yahoo.com
LE MOULIN ROUGE
Noviembre de 2014


EN EL SOFA: LAS IRRUPCIONES DE LA DEPRESION



Diferente a un tsunami, la depresión se deja caer de a poco, con leves síntomas, que ante el afectado y su entorno pueden aparecer cabalmente inadvertidos.

Son miles las causas.

Recuerdo que en 1982, a la edad de 82 años mi padre suspendió definitivamente su vida sexual: según el urólogo por razones síquicas, según mi padre, por temor a una hemorragia. De esta manera perdió el cincuenta por ciento de motivación por vivir, ya que el sexo y el trabajo era su leit motiv de existencia.

Estuvo meses sin hacer nada, apenas salía a la calle a pasear hasta cuando una mañana, sintió que los dedos de la mano izquierda no le obedecían. Una intuición le hizo llamar al Samu y en el trayecto a la clínica tuvo su primer derrame cerebral.

A los 90 años, una advertencia parecida, le hizo adivinar un segundo derrame y así fue. Lo mas curioso que mentalmente recuperado fue como si se le hubiesen destapado unos tapones cerebrales deteriorados después del primer derrame, porque retornó a una cordura increíble.

Una ejecutiva de la antigua línea Ladeco, cayó por un año en cama negándose a salir al enterarse que su compañía se iba fusionar con Lan. No era tema de dinero ni sus propios recursos sino el fin del objetivo de vida.

El ser humano en la medida que sus palabras sean recogidas por mayores multitudes, disimula la depresión, cuando no lo pescan ni para la columna de un diario alejado y anónimo, siente que la vida ha perdido sentido. Pero al final revienta. Dicho por la querida Helena Todd.

En el caso de mi padre el dejar de trabajar y de no tener sexo se apoderó de su personal al extremo, que ni siquiera quiso leer o releer sus autores predilectos ni ir al cine.

Le propuse que escribiera su vida pero con el tiempo se dio cuenta que su memoria fallaba y se estaba dando vuelta en los mismos temas.

Este año, en cuyo otoño el escultor magallánico Rodolfo Lautaro Mansilla sufrió su crisis vascular y fuimos muchos los impactadados, uno por el afecto al talo o lo otro, a preguntarnos, ¿Nos irá a ocurrir lo mismo? ¿Tendré dinero para enfrentar las terapias? ¿Donde me irán a dejar?

En lo mió, ¿Qué pasa con mi hija que al igual que la Malala del Talo iba a enfrentarse de la noche a la mañana a un señor en silla de ruedas?

A la vez hubo muchos sexagenarios y septuagenarios que murieron o pasaron la dura.

La llegada de la guadaña o todo el humor negro que gira en torno a la supervivencia, terminaron por hundirme al extremo que durante dos semanas ni siquiera pude escribir mis columnas.

Mucho aconsejan: Ya pus, levanta el ánimo, no es el fin de mundo, no es la muerte.

Pero no señores, no es la muerte la que aterra, sino a cómo vas a morir. Ojala fulminante.

Y sin embargo hubo grandes depresivos en la historia y especialmente en la música. Y compositores que rompieron sus obras antes de terminar el texto.

Con estas primaveras virtuales de Magallanes es difícil hacerse un buen camino. Vienen expertos a darnos charlas y explicaciones de cómo salir del pozo.

Pero digan lo digan, ahí esta doña depre. Y uno no puede caminar por Bories con el mentón tembleque sin saber las causas originales. Y una de esas verdades es que a cierta edad ya no podemos escalar el Everest o cruzar el estrecho a nado y cada vez menos cosas sin ayuda.

Pero es una particularidad, en estos casos, una en especial que hay que dejar de lado. Algunos en un arranque inusitado son capaces de ejecutar lo que venían craneando hace meses o años: el ausentarse del medio por voluntad propia.

En lo personal, en un entorno familiar de 19 personas, siete se quitaron la vida. Es un impacto poderoso vivir con estos antecedentes. Pero la depre tiene efectos dominó.

En algunas regiones del Japón simplifican las cosas, en un lugar llamado Narayana: cuando llega un nuevo integrante, léase recién nacido, el mas veterano coge sus pocos bártulos y se dirige a los helados montes y ahí, entre hambre y frío, y mucha fe, espera la llegada de lo inevitable.



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