Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
Febrero de 2017


Reportaje a:

NICANOR PARRA

Original, formidable, docto, soñador, quimérico, irreverente y a ratos gracioso, este chillanejo pertenece a un grupo especial de privilegiados: aquellos que logran ser leyenda en vida.


ENTREVISTAS EN VERTICE2000Los años no pasan en vano. Fue en 1995 cuando tuve la ocasión de conversar con Nicanor Parra. El, con menos arrugas y el autor de este reportaje, con más pelo.

Lo conocí en un encuentro poético realizado en el Palacio de Bellas Artes, allá por el año 1995. El, menos canoso y con proverbial sentido del humor; yo, más flaco y con más pelo. Al encuentro confluían poetas de varios países sudamericanos. El conductor del encuentro no llegó, y el jefe de prensa de la Editorial organizadora del evento me pidió a mí que hiciera las veces de moderador. Acepté con agrado. Algo de experiencia tenía en ello, y no podía perderme la ocasión de sentarme al lado de "don Nicanor". Para romper el hielo, hablamos del tiempo, y aproveché de preguntarle por su estado de ánimo. Me dijo que el polen primaveral "me tiene harto jodido". Pero cuando dejó al poeta de lado, se bajó del Parnaso y habló el ser humano de carne y hueso, no pude menos que conmoverme:

-"A Colombina, mi hija menor se le ocurrió escoger un pololo que es cantante rockero, que se las da de astro juvenil y es florero de mesa. Pero cuando se encuentra con este astro 'decrépito'... entonces, ¡Arde Troya!"

Ahí afloró el Parra humano, ese con demasiado humanismo a cuestas, y al que le sobra "hombritud", al decir de Unamuno.

De eso, han pasado muchos años, pero mantengo en un rincón de mi biblioteca la dedicatoria que le hizo a un libro que atesoro como "pieza de museo".

La poesía se nutre de la realidad, pero ésta posee un espectro tan amplio en donde también cabe la imaginación, no es necesario que la forma poética sea un calco de la realidad, una imitación fotográfica de esta.

En pocas palabras, Nicanor Parra, al portar su visualidad tan específica del carácter común y verterla, nos hace entrar, al revés de lo que queríamos, en los lindes de una peculiaridad nada común. El problema que el poeta genera, es el que siempre habrá de suscitar los grandes poetas. Toda investigación o aproximación a este arte en que la realidad se disuelve partiendo desde ella misma no es fácilmente pesquisable desde el lado del conocimiento, considerando su raíz de relatividad.

El trabajo poético puede tomar de la realidad las infinitas posibilidades temáticas que esta nos brinda, pero esto no significa descartar las posibilidades de la ensoñación, del sueño como otra realidad paralela a la vigilia. La creación poética dice con sus silencios, con su alquimia verbal, con su expresión tocada por la magia, lo que subyace dentro de la realidad, lo que no es evidente, lo que se oculta dentro de las más cotidianas realidades del hombre con su medio, propiciando el despertar.


LA PLURALIDAD DE PARRA

Así como Pablo Neruda, a través de "Residencia en la Tierra" y su "Canto General", ensayó la realización de un documento que caracterizara los valores humanos fundamentales o aquellos más valiosos de entre éstos, un canto a la existencia en cuya maravillosa ejecución parece sobrevivir toda una fuerza universal, se me ocurre que la poesía de Nicanor Parra, por otros caminos y a los cuales no es ajena la acción de un sentido de pluralidad, como si muchas fuerzas humanas se dieran cita en su ejecución y orquestación, ha querido intentar esta misma ruta esclarecedora.


EL PROFESOR DE FISICA

Parra no ha dejado de ser profesor. Mejor dicho, jamás ha podido olvidar la Física, que le sigue... y le persigue. Ello explica que el Tiempo sea una de sus pasiones que también ha trasladado a su poesía.

Para el antipoeta, la duración, es decir, el tiempo vivido, supone la práctica de un equilibrio entre el seno de las conciencias individuales entre el pasado, el presente y el porvenir. Pero un perfecto dominio de la duración supone -asimismo- la noción de Eternidad, es decir, de algo que totalmente fuera del tiempo, fuera de todo pasado y de todo futuro; algo más que meramente una sobreduración.

Por cierto, es sin duda necesario ser lo suficientemente fuerte como para superar la impresión de ir hacia la decrepitud, para poder dejar de lado la experiencia individual. Nos dirigimos hacia la muerte y en el fondo la experiencia que tenemos no es de progreso. En nuestra condición de seres humanos, dentro de un cuerpo humano, tenemos la experiencia contraria, tenemos la experiencia de una decadencia. Por lo demás, la palabra "decadencia", en francés, se refiere a la vejez, al envejecimiento, a lo que ocurre al ser humano cuando envejece.


LA REALIDAD AMBIENTAL

Podría parecer que la comparación Parra/Neruda no fuera lo bastante apropiada para algunos, pero para quienes hemos podido ir precisando este admirable mundo poético que el arte de Parra ha ido creando, ello no carece de sustentación. O un poco más a la llana: en Parra se han dado los más altos síntomas de nuestra realidad ambiental A mi juicio representa con mucho la idea de nuestro tiempo, idea estirada por el poeta hasta la conjetura, pero idea al fin y al cabo de lo que él es, la representación de una época nada fácil por lo demás, y que este arte consagra en lo general y en lo particular, en la realidad misma de nuestro existir de hoy, entre esta discordia como cree que es esta realidad misma de nuestro existir de hoy, entre esta discordia como cree que es esta realidad un pensador contemporáneo.

Un poeta que es capaz de decir y de sentir de semejante forma, que está pronto a mover las esencias de la poesía para rescatar lo que él mismo estima la verdad de su tiempo de esas coyunturas brumosas que lo están estructurando, es porque ha tomado conciencia del paso de esta vivificación tan desalentadora. O, si se quiere, él ha sido capaz de salir a mirar este espectáculo impresionante de la vida para mostrarlo, casi pictóricamente -como Bosch o Bruguel, como Goya o Chagall-, en su propia radicalidad, con la mayor o menos dosis de literatura posible; esto es, sin necesidad de argucias evidentes y considerando solo como principio la situación del hombre en el mundo contemporáneo, la crónica de su decadencia moral, que se pierde o reaparece según sea la voluntad del poeta.

Y aquí nos adentramos en tierras procelosas. La sociedad chilena de nuestros días, en la que se están planteando ciertas clases muy específicas de desafío, y en la cual tiene base la pregunta: la filosofía ¿tiene o no un sentido? Y podríamos trasladar la pregunta de inmediato a otros campos, como potan específica y original ejemplo, la misma poesía. ¿Tiene la poesía un sentido? Tiene un sentido muy de otro orden, que hay que analizarlo, trabajarlo y difundirlo, para que la poesía -que nos ha dado un Huidobro, un Neruda y un Parra, entre otros- no quede confinada en el arcón de los bellos y meros recuerdos.

Al verdadero poeta hay que pedirle que nos revele lo que ya hemos visto sin detenernos, que nos enseñe igualmente el reverso de las cosas, que nos haga sentir y recapacitar sobre lo ya olvidado en la vida.

Es lo que hace magistralmente Nicanor Parra.

Así, el poeta es una antena que recepta lo que ocurre en su entorno, pero también en su mundo interior y es en momentos de acoso de situaciones límites, donde se ha dado buena parte de la mejor poesía, los testimonios de tiempos de penuria física y espiritual, de tiempos de barbarie, ese tiempo que parece ser el de siempre.

Para el poeta existe un momento culminante en la creación, luego de haber represado sensaciones, intuiciones, ritmos y atmósferas vividos en una forma interior, por diversos caminos llega al poema. En este "su momento", existe una presencia acumulada por múltiples estímulos, algo que habla al oído del poeta, algo que le transmite como un fluido el deseo de escribir. Entre estos momentos, hay algunos semejantes a un trance, en que la palabra transcurre con facilidad, sin muchos requerimientos de la razón.

Estos momentos pueden ser el inicio de un poema, pero sólo una atenta concentración en su "paisaje interior", en lo que se quiere expresar, permitirá una feliz cristalización. En el momento de escribir un poema, el poeta participa activamente tanto de la forma como del contenido, en un proceso dialéctico. El poema escrito es un resultado, es una unidad de forma y contenido. Existe una interacción dinámica, no se escribe primero el contenido y luego se le da la forma, esto viene ligado en una forma orgánica, totalizante.

El poema es unidad, visión única. Para lograr esto el poeta deberá tener una gran riqueza interior, conocer cuál es la manera más transparente de comunicación por la vía verbal, la escritura más simbólica. Por todo esto el poeta está inmerso en el mundo, su trabajo casi siempre se realiza como manifestación de todo aquello que lo toca, todo aquello que lo sacude o le provoca una honda impresión, todo aquello que reunido obliga, exige, propicia al poeta la necesidad de la escritura.

Cuando el lenguaje es la expresión exacta de lo que el poeta escucha, cuando el poeta está atento a sus voces interiores, libre en lo posible del dominio de la razón, estamos casi seguros de encontrarnos frente a un gran poema.

Aquellos poemas que son largamente buscados, en los que no hay un encuentro entre la palabra y el sentimiento, sino que la palabra llega por añadidura, son poemas forzados, por esta razón el poeta deberá esperar a que las palabras surjan y el poema se imponga por una necesidad, un deseo auténtico.

El sentido del ritmo del poema tiene que ver con el ritmo particular del poeta, con sus pulsaciones interiores en el momento de escribir el poema. Las pausas entre estrofas y los silencios en el poema surgen como una necesidad del poema. Es el resultado de la voz interior del poeta, de sus balbuceos y afirmaciones, de su cadencia. No existe de esta manera, ritmos determinados. El poeta, llanamente, da el ritmo como lo siente, sin premeditarlo. Todo gran poema es aquel que logra transmitir el ritmo interior, la música del poema. Un buen poema debe estar constituido por: la música, la arquitectura verbal, el paisaje visual y el auditivo.

Tradicionalmente se ha dicho que el trabajo poético se realiza por la inspiración. Esta inspiración se puede entender de la manera como aquella voz habla al oído del poeta, es su voz de adentro. Esto no quiere decir de ninguna manera que un poema resulte necesariamente de este dictado, pero puede ser el inicio de un buen poema. Sin embargo pienso que el poeta después de leer lo que ha escrito no procede de un modo irreflexivo; es aquí donde la razón juega un papel importante. Un poema que ha surgido de forma muy inconsciente puede ser transformado con el tiempo. Este poema después de nuevas lecturas se vuelve algo más consciente y es modificable de acuerdo a necesidades que el poeta observe. De esta manera el nacimiento de un poema aunque este más alimentado por lo inconsciente participa también del intelecto del poeta.

Sobre el sentido de un poema se puede decir que el poeta se ve en la necesidad de escribir como medio de alivio frente al mundo que goza o que padece. Es decir, escribe un poema aquel que tiene dudas, una pregunta pendiente, el insatisfecho con una realidad que quiere complementar. Aquel que llega a situaciones límite, haciéndose participe de su rabia o de sus alegrías, de sus temores o de su ironía, da cuenta de esos momentos a través de la escritura.

La escritura poética hace parte de un colectivo espiritual de una ciudad, un país o del planeta en su totalidad. A través de los poemas de un colectivo de personas, podemos descifrar cómo es su mundo cultural, sus pasiones, sus odios, su rabia, el grado de violencia, su capacidad de perdón, de transgresión. A través de la palabra podemos auscultar el grado de salud o enfermedad de un país.

Pero todo esto, tan subjetivo, tan personal, debe estar tensado por un lenguaje colectivo universal. Es por esto que el poeta debe exigirse a sí mismo una lectura drástica y alerta de sus propios poemas, en lo que constituye ya la parte artesanal del lenguaje. Por eso, a mi modo de ver, la creación poética, aparece realizada por un hombre total, hecho de razón e intuición, sueño y vigilia, ocio y trabajo, luz y sombra.




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