Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
Agosto de 2016


Entrevista a:

TOMÁS HARRIS, "No creo que el arte tenga un deber social"

Poeta y candidato al Premio Nacional de Literatura.


ENTREVISTAS EN VERTICE2000Tomas Harris: No creo que el arte tenga un deber social. Y menos con las angustias de la gente. Cada uno se las entiende con sus angustias.

-¿Qué es lo que más te gusta de la vida que llevas?
-El ocio. Cada vez valoro más el ocio improductivo, el pensamiento que se desvanece en el aire, sentado en la terraza mirando las plantas, escuchando jazz. Y si de ahí surge un poema, bienvenido. Tomarme un whisky en el Marbella los viernes a la salida de la Biblioteca Nacional. Conversar de cine con mi amigo Jean Pablo, también los viernes, después del whisky.
Caminar lo que me permita el pie en la noche urbana, cuando no hay prisa. Leer, por supuesto, ver películas los viernes que es mi día más pleno de la semana. Dormir bien, soñar. Tener a la Tere a mi lado. Mi nieto. Una buena conversación con buenas amigas en un bar o fuente de soda del centro. Admirar en verano a las muchachas en flor.

-El arte tiene un deber social que es el deber de dar salida a las angustias de la época. ¿Cómo te llega la frase?
-No creo que el arte tenga un deber social. Y menos con las angustias de la gente. Cada uno se las entiende con sus angustias, Además el arte es un subproducto de la angustia. O un producto directamente. Difícilmente podría tener un "deber" al respecto.

-¿Cómo son tus relaciones con Dios?
-Cero. O como dice Borges, una forma de ciencia ficción.

-¿Para qué pasatiempo o hobbie (diversión) te dejas tiempo?
-Para ver películas. Mientras más mejor: paso por etapas. Cine de terror de los 80. Gore, cine oriental, cine americano de los 70, pelis eróticas de Jess Franco y Tinto Brass y, a veces esas cintas aburridísimas donde en veinte minutos hay un plano secuencia en que no pasa nada, porque no pasa absolutamente nada, aparentemente, pero pasa mucho: la mirada, la mirada demorada, como las de Bela Tarr o Teo Agelopoulos. Ahora estoy viendo harto cine negro de los 40 y 50: Fritz Lang en su periodo americano, Carol Reed, Otto Premminguer, cosas así.

-Ni Dios lo quiera, pero… se está incendiando tu casa; y luego de salvar a tus seres queridos y mascotas te dan un par de minutos para sacar algún objeto material. ¿Cuál sería?
-El computador, donde tengo mis escritos, que no he tenido el cuidado de respaldar en algún disco duro externo o la llamaba "nube" y el retrato del matrimonio de mis padres.

-Para quienes no nos conocen bien, todos tenemos una gracia oculta. ¿Cuál es la tuya?
-Hacer un almuerzo imaginativo y sabroso con los mínimos ingredientes. Lo aprendí durante los años 80.

Estás entre los grandes poetas de Chile. ¿Qué te falta para sentirte consagrado?
-Me basta haber aportado ya sea un poema, o un libro si no indispensable, que algunos lectores consideren un aporte para "la diadema de las musas". Eso de la consagración pertenece, sobre todo ahora, a un ámbito que tiene que ver con aspectos extraliterarios, de camarillas o grupos de poder, incluso de política contingente.

-¿Tu recuerdo más imborrable de juventud?
-Una tarde de sol comiendo sandías con la mano junto al mar con mi amigo Eduardo Munizaga y su tía, mi amiga de infancia Mariana Medina. El jugo rosado manchando nuestras ropas, el sol que doraba la arena, el pelo rojo de la Mariana, la sonrisa que significaba la pura infancia en la boca del Eduardo. Pero ese es un recuerdo más bien infantil. De mi juventud las noches de lluvia que pasábamos con mis amigos en Chiguayante en la casa del negro Willie, con mis amigos Claudio Fuentes y el Gera, escuchando el gran rock primitivo de Grand Funk, Led Zeppelin, Janis Joplin: tomando chuflai y enguindado y fumando pitos, haciendo cadáveres exquisitos con Alexis Figueroa, comiendo cabritas de maíz bañadas en chocolate que hacía una chica hippie que vivía en una pieza de la casa del negro, y todo pensando que teníamos todo el mundo por delante, cuando quedaba tan poco.

-Tu comportamiento más conservador?
-En realidad son muy conservador y moralista. Creo que toda mi vida cotidiana y laboral es conservadora y clásica.

-¿Tu comportamiento más liberal?
-Creerme poeta maldito cuando era veinteañero.

-¿Crees que aún la humanidad sueña por medio de los poetas?
-Sería lindo. Sería sublime. Sería una bella utopía, pero no.

-¿Te puedes definir en pocas palabras?
-No. Los espejos son como decía Leonard Cohen… son para que se miren los otros no tú mismo, o algo así.

¿Qué rasgos crees haber heredado de tu padre; y madre, respectivamente?
-De mi padre, el sentido del humor escocés, el alcoholismo y la depresión endógena. De mi madre, no sé, los ojos azules y cierta tendencia a la poligamia.

-¿Qué es lo que más valoras en una persona?
-Su honestidad, su amistad, su respeto por el otro, su incondicionalidad, su capacidad de perdonar y sobre todo su sentido del humor.

-Dos grandes poetas, Ezra Pound y T.S.Elliot, incluyen en sus poemas versos de poetas de distintas épocas y culturas. Pound suponía que lo escrito por un poeta en otras épocas, no se podría escribir mejor hoy y -en consecuencia- incluía en sus poemas voces como las de Homero o Dante.
¿Estás de acuerdo en ello? ¿Por qué?

-Gonzalo Rojas decía en un poema "No le copien a Pound, copión maravilloso". Yo no sólo le he copiado a Pound en ser copión, sino a todos los poetas que me gustan, pero haciéndolos míos, superando eso que tan acertadamente Harold Bloom llama la angustia de las influencias. No hay un poema mío que no tenga un verso o una expresión de otro. Eso es la originalidad, etimológicamente el origen, los orígenes: el adanismo no existe.

-Si pudieras formularle una pregunta a Dios, ¿cuál sería?
¿Qué te hace creer que creemos en ti?

-¿Cuál es tu garabato más recurrente?
-Mierda, creo, como buen chileno.




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