Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
30 de Agosto de 2015


"¡GRACIAS, DANIEL…!"

El viernes 21 de agosto falleció Daniel Rabinovich, alma, mentor y guía del grupo humorístico musical argentino Les Luthiers.

La noticia me golpeó y me aislé un rato para masticarla. Mal que mal soy un enamorado del humor. El viernes 21 de agosto falleció Daniel Rabinovich, alma, mentor y guía del grupo humorístico musical argentino Les Luthiers.

Está de más decirles que fui epígono, admirador del grupo argentino. Bueno, como todos, porque quien no admira a Les Luthiers es porque no los ha visto actuar. No se explica de otra manera.

Rabinoivich murió de lo que mueren casi todos los grandes artistas: afección cardíaca. Sencillo, afable y el más histriónico fuera del escenario, era amante del fútbol, afición que compartía con su amigo Joan Manuel Serrat. Sí, el mismo cantautor español y fanático del Barcelona.

ENTREVISTAS EN VERTICE2000

Cuando le preguntaron por el humor del grupo, respondía con la calidez que le era tan habitual:

- "Nos sentamos a hacer un espectáculo y tratamos de que nos salga lo más lindo posible. Convengamos que no es humor trillado. Es un humor inteligente, por decirlo de alguna manera. Lo que nos interesa es que la gente se muera de risa y sonrisa", dijo aquella vez.

Daniel Rabinovich Areatuz, más conocido por sus amigos como "Neneco", nació en Buenos Aires y se hizo conocido como actor, comediante, compositor y escritor. Eran sus facetas más conocidas, pero muchos ignoran que fue abogado… y que llegó a ser Notario. Decía que no le gustaba admitir que era abogado, porque temía que los aplausos se transformaran en piedrazos... y luego lanzaba una atronadora carcajada.

Yo creo que Daniel nació para el humor; y también creo que no quiso ejercer como abogado… por amor a la Justicia.

Me es imposible olvidar ese chispeante monólogo en que Daniel, sólo frente al público, leía una carta, pero titubeaba pues la misiva estaba manuscrita y él -desesperado- leía a trastabillones. No entendía la letra y los hechos se cohonestaban ante su creciente angustia.

El texto decía más o menos así:

- "En los más prestigiosos foros internacionales en que estuve excitado… perdón… en que estuve excitado…. no, no, no. Invitado, eso es. Invitado.

Muchas veces he citado el fracaso de su operación. No… el fracaso de su ópera… Sión y el judío era antes. No, no, no, perdón. El judío errante…"

¡A qué seguir! Junto a Marcos Mundstok era el más histriónico del grupo.

¿Por qué les cuento esto?

Fue allá por la década del 80 que me encuentro en pleno centro de Santiago con mi amigo Marco Gómez, apodado "El Negro", quien tras saludarme, me dijo:

- Jorge… me acordé mucho de ti y traté de ubicarte, pero fue imposible. El mes pasado traje a Chile a Les Luthiers por seis presentaciones.

Por aquellos días "El Negro" Gómez era representante de los más cotizados artistas chilenos, y se daba el lujo de traer números internacionales.

Yo me quise hacer el harakiri. ¡Lo que me había perdido!

Tenía mis eximentes, eso sí. Por razones de trabajo me encontraba en el sur y no supe de la visita del grupo trasandino. Más encima mi amigo, el negro Gómez me invitaba gratis a cuanto show traía a la capital.

Me frustré de ver a Les Luthiers, en el Teatro Oriente… ¡Y gratis más encima!

Bohemio empedernido, el Negro me contó que Les Luthiers era un grupo hiper profesional. Algún día contaré detalles de eso. Todos eran muy serios, excepto uno: Daniel Rabinovich, con quien el negro Gómez recorrió Santiago como hasta las cuatro de la mañana. Me duele pensar que pude haber estado ahí, pues el negro es AMIGO de esos con mayúscula.

Por cierto, ahora el quinteto mutará en cuarteto.

Pero Les Luthiers sin Daniel Rabinovich será como un Drácula con anemia.

Muchas veces he escuchado que cuando muere un poeta, muere una estrella.

En lo personal, agregaría que cuando muere un humorista, el alma se viste de luto… aunque sea por un rato.

Daniel nos regaló borbotones de carcajadas. Y jamás adocenó lo histriónico con lo burdo. Nos demostró que el humor cumple el mismo rol del parabrisas en el auto en un día de lluvia. No detiene la lluvia, pero nos permite seguir avanzando.

Por todo eso y tantas cosas más, te digo simplemente:

- Gracias, Daniel…




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