Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
Enero de 2014


ASAMBLEA CONSTITUYENTE… ¿PARA QUÉ?

En síntesis, las asambleas constituyentes han jugado un papel sustancial para debilitar la democracia.

Un sector de la Nueva Mayoría declara ser férreo partidario de convocar a un plebiscito para constituir una Asamblea Constituyente, no existiendo la facultad constitucional para hacerlo y dribbleando el control del Tribunal Constitucional.

Aunque parezca difícil de creer, una reforma constitucional puede incidir bastante sobre nuestras finanzas públicas. [¡SIC!]

Hace unos años, los profesores T. Persson y G. Tabellini publicaron un macizo estudio titulado "Los efectos económicos de las constituciones". Allí, estos académicos demuestran la asociación empírica entre la conducta económica de los países y las características de las respectivas constituciones. Las conclusiones del estudio son irrebatibles. Sistemas presidenciales y mayoritarios cuentan con gobiernos más pequeños que los gobiernos parlamentarios y proporcionales; los tamaños de los distritos electorales tienen impacto sobre las rentas políticas, corrupción y productividad agregada. Además, en sistemas parlamentarios las políticas fiscales anticíclicas de tiempos de crisis no son revertidas una vez que las economías se recuperan, comprometiendo de este modo la salud de las cuentas fiscales.

Luego, muy desafortunadas fueron las declaraciones de voceros de la ex Concertación al decir que quieren imponer una nueva Constitución "por las buenas o por las malas".

Es natural preguntarse cuáles son los propósitos que se buscan al abandonar el camino fructuoso de reformas graduales seguido en los últimos treinta años.

Es útil consignar que desde mediados de los años 80, siete países en la región han adoptado nuevas constituciones y tres la han reformado profundamente. Sin embargo, ninguno de ellos ha visto despegar su economía producto de esos cambios.


LO QUE DICTA LA EXPERIENCIA

En este tipo de cosas, conviene dejarse llevar por las experiencias en otros países y evaluar lo que allí ha acontecido. ¿Cómo ha caminado esta idea en otras latitudes? ¿Cuáles han sido los resultados? ¿Hay más al Debe o al Haber?

En América del Sur contamos con tres experiencias que han empleado esta ruta en los últimos quince años: Bolivia, Ecuador y Venezuela. Y en los tres casos los resultados han sido bastante deficientes. Se han creado textos farragosos, donde se pretende regular todo, lo que termina por asfixiar la Constitución, ya que la colman de disposiciones que debieran ser materia de leyes o reglamentos.

En el caso de la Constitución colombiana, cualquier jurista medianamente ecuánime será enfático al señalar que las reformas hechas el año 1991 distan en mucho de proteger adecuadamente ni los derechos civiles ni los derechos humanos de los ciudadanos. Tampoco, la libertad de prensa o las libertades económicas.

¿Quién asegura que una nueva Constitución garantizará de mejor modo la institucionalidad vigente y los derechos civiles? La propia Constitución colombiana de 1991 introdujo disposiciones dirigidas a reducir la inestabilidad económica. El remedio salió peor que la enfermedad, pues se estableció que el Banco Central sería independiente del Estado. No obstante, la nueva Constitución establece que los miembros de la junta del Banco Central serán escogidos por el presidente, sin necesidad de que sean confirmados por el Congreso. Es decir, la reforma no hizo otra cosa que aplicar la Ley del Embudo.

Quienes promueven e incitan una asamblea constituyente consideran que, al definir los principios y reglas del proceso político, la actual Constitución impuso una visión valórica que no es compartida por toda la población. Conviene dejar en claro que esos valores han sido reconocidos por nuestros representantes desde 1990, aceptando con lealtad sus preceptos e intentando mejorarlos en aquello en que disentían. ¿Por qué partir de la premisa de que el proyecto político y social que ellos pretenden impulsar mediante una asamblea -y que también tendría una claro "domicilio" valórico- sí sería compartido ampliamente?

A su vez, tengamos presente que para reformar la constitución, el acto de convocar a una asamblea constituyente no es el camino más indicado para llevarlas a cabo. La mejor vía es la que ya se contempla en los artículos 127 al 129 de la actual Constitución.

Una asamblea constituyente consiste en un mecanismo excepcional que en nuestro actual andamiaje institucional, puede diezmar principios políticos y jurídicos básicos que están vedados al poder constituyente derivado. Por ejemplo, desconociendo que el ejercicio de la soberanía reconoce como límite el respeto de los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana, como en el caso chileno lo precisa el inciso 2° del artículo 5 de la Constitución.

Si se tienen a la vista las últimas experiencias de asambleas constituyentes en América Latina (Bolivia, Ecuador y Venezuela), nos percatamos de que sus productos constitucionales resultaron marcados por un fuerte antiimperialismo, un dirigismo estatal anti economía de mercado y un rechazo a la propiedad privada, proyectos muy lejanos de los elementos esenciales de la democracia representativa aprobada por la Carta Democrática de la OEA en el año 2001.

Estas nuevas constituciones se han convertido en casos paradigmáticos de un déficit democrático, pues han permitido un proceso paulatino y persistente de resquebrajamiento de la democracia representativa, concentrando el poder en el Ejecutivo y generando una fuerte dependencia de los órganos que, precisamente, debían actuar en roles de fiscalización y contención del poder.

En síntesis, las asambleas constituyentes han jugado un papel sustancial para debilitar la democracia.




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