Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
Octubre de 2011


Entrevista

CELESTE CAMPANO
"NOS URGE UNA MIRADA INTROSPECTIVA"

Experta en conflictos de niños, la destacada psicóloga argentina advierte que es imperioso cultivar el denominado cerebro social.

El reconocimiento y manejo de problemas emocionales en escolares está comúnmente descuidado y pueden interferir seriamente en su educación. Frecuentemente, son complejos de identificar. Los procedimientos de evaluación pueden ser tan poco finos que lleven a pasar por alto a un niño que está padeciendo de algún tipo de perturbación. O, por el contrario, ser tan finos como para etiquetar a casi todos los niños como emocionalmente perturbados… o con predisposición a serlo.

Está claro. Remediar la situación es mucho más difícil que diagnosticarla. Para muchos de los casos no existe una terapia fácil de administrar y que ponga fin al problema, pues es difícil obtener la cooperación de los padres -a veces- demasiado e irresponsablemente ajenos a un tema que miran con esmero pero sin comprometerse.

Educar a los niños hoy es más complicado que antaño.
Los intrincados vericuetos de la modernidad nos hacen enfrentar la era más compleja de la historia de la humanidad. Venta masiva de drogas que no respeta a los infantes, polución ambiental, colegios con doble jornada y un bombardeo incesante de emociones que todo chico desea explorar hacen de ésta, una etapa con muchos bemoles.

¿Lo peor de todo? Ver a niños carentes de sonrisas y con el rictus de un rostro que expresa demasiadas vivencias dolorosas o angustiantes a temprana edad.

Nuestra entrevistada -Celeste Campano- pasa revista a esta nómina de situaciones deletéreas: niños de 7 años en medio de depresiones profundas, niñas de 6 años padeciendo anorexia o chicos de 9 años portando armas en la escuela.

Desde luego, hay que velar porque el niño distribuya bien su tiempo de recreación. Hay que escrutar cómo son sus relaciones con los miembros de la familia y con sus pares, su rendimiento escolar, conflictos con autoridades, presencia de alteraciones del sueño, estados depresivos y hasta pérdida del apetito.

La entrevista con los padres puede revelar condiciones estresantes en el hogar, o bien, indicar dificultad emocional en el niño con fobia escolar, terrores nocturnos o excesiva preocupación.

Entrevistas en Vertice2000
Celeste Campano: "Como sociedad, nos urge una mirada retrospectiva".

Los padres poco sofisticados atribuyen importancia sólo a los síntomas más obvios o indeseables, como ser: enuresis (mojar la cama), mala conducta y aislamiento.

Sin embargo, el profesional alerta también deberá considerar como sustantivo la excesiva conformidad -sobre todo en el adolescente- demasiada dependencia, una tendencia a ser demasiado bueno, o demasiado poco emocional.

La idea es que la identificación de los problemas emocionales en los niños o adolescentes sean detectados tempranamente. Puede estar angustiado por la enfermedad de uno de sus padres, por la discordia marital (temen la separación, con la consiguiente pérdida de uno de ellos) o, por sentir que sus necesidades de atención e interés no están siendo satisfechas, o bien haber entrado en un conflicto serio con un amigo significativo, o experimentar vergüenza por los problemas económicos por los cuales está atravesando su familia, o profunda pena por la muerte de un familiar.

Por todo esto, cuando un niño está rindiendo bajo su potencial intelectual, no sólo se debe considerar la posibilidad de que consulte a un neurólogo infantil, sino también tener en cuenta que, en la base de su bajo rendimiento, puede haber un problema emocional que lo está haciendo sufrir y ante el cual se siente sin recursos para resolverlo. Además, el hecho que el desempeño de un niño sea inferior al esperado para su capacidad o potencial intelectual puede ser la resultante de uno o varios factores heterogéneos.


LA VOZ DE UNA EXPERTA

Joven, bella y viajada, Celeste Campano es una autoridad en el tema de las complejidades que enfrenta el niño en nuestros tiempos. Se recibió de psicóloga en la Universidad de Buenos Aires. Además es terapeuta cognitivo conductual, especializada en discapacidad, niños y entrenamiento para padres. Además cuenta con formación en Lenguaje de Señas y Sistema Braille.

En la actualidad se desempeña como directora de la Consultora Esquivel + Campano, donde ofrece talleres como "El arte de ser padres" a escuelas y empresas.

Paralelo a ello, es co-animadora del programa radial "Encontrar un motivo" en Radio Klimak FM -98.9- y escribe para varias revistas de psicología.

-Me llama la atención que Buenos Aires sea una ciudad tan cordial, amistosa; y a la vez la que cuenta con más psicoterapeutas en el mundo. ¿Cómo se explica ello?
-A ver… Buenos Aires, claro… es la ciudad con más psicólogos por habitantes en el mundo. Es real lo que decís. Es un dato científico/estadístico.
Respecto a la cordialidad… bueno, acá opinamos diferente (Sonríe)
Lo cierto es que yo encuentro serias alteraciones del humor en esta ciudad.
Vivimos alterados y eso es real. Si bien yo me especializo en niños, lo veo también en los adultos. En otras palabras, me he encontrado con patologías de grandes, en los niños. Por ejemplo, depresiones, anorexia y muchas agresiones. Por cierto que queda mucha cordialidad. Los porteños somos un poco maníaco/depresivos. Somos un poco bipolares, los bonaerenses.

Entrevistas en Vertice2000Celeste Campano junto a Jorge Abasolo de Vertice2000: "No hay que competir con el otro. Hay que competir con uno mismo"


-¿El ciudadano de Buenos Aires pasa de la alegría exultante a la tristeza patológica?
-Totalmente. Te habrás dado cuenta que los argentinos funcionamos como el clima. Vos te diste cuenta que hoy hace un sol radiante;y mañana puede caer granizo y hacer mucho frío. ¡Hasta el clima se ha mimetizado! Yo creo que los porteños somos bastante bipolares.


RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

-En Chile muchos padres se desentienden de la educación de los niños con el pretexto de que "la escuela debe hacerse cargo de eso". Olvidan que la primera escuela es la familia…
-Acá pasa lo mismo… y muchísimo. Mirá, Jorge… yo siempre a la gente que se acerca a mi consultorio le explico una gran diferencia. Una cosa es la enseñanza que vos marcaste, que es lo que se imparte en la escuela. Otra cosa diferente es la educación, que es lo que nosotros como adultos responsables impartimos en casa. Una cosa es la enseñanza y otra es la educación. Son dos cosas que necesariamente deben ser complementarias. Y entre ellas debe haber un hilo conductor. A veces sucede que los padres mandan a sus hijos a escuelas que son muy rígidas, esperando que la escuela haga todo por ellos, como -por ejemplo- que le ponga límites al niño. Y en casa no hay nada de eso: no hay disciplina, no existen los horarios, en fin… una situación muy laxa. Luego, se dan esas incoherencias entre la educación -esa que impartimos en casa- y la enseñanza, que es lo que imparte el colegio. Y esas incoherencias son justamente parte del mensaje caótico que reciben los chicos, de esos dobles mensajes. Hay una palabra mágica que nosotros -los educadores- tenemos que conocer bien: me refiero a la coherencia. Es una palabra mágica, clave… de la que no nos podemos olvidar. Es la llave maestra para acceder a una buena educación, armoniosa, estricta pero amorosa.

-En Chile se habla mucho de la desorientación de los jóvenes. ¿Quiénes están más perdidos hoy… los jóvenes o los adultos?
-(Se ríe) Los adultos no nos estamos haciendo responsables de la educación de nuestros jóvenes. No hemos asumido el compromiso a cabalidad. Hemos optado por lo más fácil, que es apuntar con el dedo a los demás, eximiéndonos de culpa.
A veces algunos papás vienen a mi consulta y se quejan de que sus chicos mienten, tienen mala conducta, no los respetan o son violentos. Yo siempre les respondo de la misma manera: ¿qué estás haciendo vos para que eso cambie?
Esa es la pregunta fundamental.
Por eso quiero contarte que yo no tomo casos adentro de mi consulta sin que los padres se involucren.
Cuando yo veo que no hay participación de parte de los padres, yo simplemente levanto el caso. Me eximo de tomarlo. No me gusta ni fracasar a mí, ni hacer fracasar al otro. Yo necesito sentir al adulto con una cuota de responsabilidad. En eso soy tajante. No transo.

-En Chile hay una psicóloga llamada Pilar Sordo. Ella me dice que el joven de hoy tiene baja tolerancia al fracaso. Eso yo lo hago extensivo al adulto. ¿Pasa algo similar en Argentina?
-Sí, totalmente. Concuerdo con vos en un cien por ciento. Lo que pasa es que habría que hacer un trabajo mucho más de fondo. En Buenos Aires el nene tiene baja tolerancia a la frustración. Y esto me parece algo así como encadenado. Les pasa a los adolescentes, como dice mi colega Pilar… y le pasa también a los adultos. Me parece que está todo como concatenado. Yo percibo que hoy la persona se siente satisfecha cuando tiene, y no cuando es. Esto es lo que nos pasa a los adultos.
Uno se siente bien… se siente con su ego florido, se siente cómodo cuando uno tiene, y no cuando uno es.
Me parece que al ser humano de hoy le hace falta una mirada introspectiva.
Pareciera que la persona hoy se siente bien y no frustrada cuando tiene el auto que quiere, las vacaciones que desea o gana la plata que quiere. Entonces vamos como conejitos detrás de la zanahoria, corriendo todo el tiempo… y la zanahoria se aleja y se aleja. Creo que como adultos tenemos que aquietarnos y poner la pausa. De esa manera bajará la tolerancia a la frustración.
Además, creo que hay baja tolerancia a la frustración porque uno hace las cosas por el otro. Llegó la hora de hacer las cosas por uno mismo.


EL ROL DE LA PANTALLA CHICA

-¿Qué responsabilidad le asignas a la televisión, que nos precondiciona o nos prepara para el exitismo, como si fuera la panacea de la felicidad?
-Lamentablemente en el mundo que vivimos se nos hace creer que el poder va de la mano del que tiene plata. Me parece que está casi como demodé esto de trabajar el ser. Ahora está muy en boga el tener. Desde lo estético hasta lo económico. La mujer que es linda o el hombre que cuenta con un auto grande, se les ve como exitosos, casi cercanos a la felicidad.

-También esto pasa por el tema educacional. ¿Crees que el error es que la educación nos prepara para la competencia, pero no para la vida…
-Es cierto. En mi caso te puedo decir que fui a la universidad pública, y hasta hice mis ocho años de carrera de forma bgratuita. Pero igual me asombré con esos grados altos de competencia que te impiden ser como persona. A veces mi carrera de psicología se transformaba en una carrera de obstáculos. Y a ratos en la universidad eras un simple número, y vos tenías que cuidar tu propio espacio, tu propio lugar, porque hasta te lo podían invadir.
Es fuerte eso, pero es real.

-¿Y quién se encarga del que fracasa, de aquel que no le va bien? Ellos pasan a ser escoria de la sociedad… y nadie se hace cargo de ellos, que son también personas…
-Mirá, Jorge… lo que pasa es que acá en la Argentina no hay un mundo intermedio. Hay universidades privadas, pero que son carísimas… y está la Universidad de Buenos Aires, que es totalmente gratuita.

-Pero los jóvenes demoran mucho en egresar de allí…
-Muchísimo. Y cada día se hace más difícil.

-No es tan distinto al caso chileno.
-No es tan distinto, cierto.
Ahora, claro… hay carreras que son más competitivas que otras, por supuesto.

-Tengo mis contradicciones con la competencia. Es cierto que saca lo mejor de uno mismo, pero no hace seres felices…
-Cierto. Estamos de acuerdo. Y vuelvo a lo mismo: me parece que si vos competís con el otro, es ahí donde te llenás de frustración, te llenás de ansiedad. Yo creo que uno tiene que competir con uno mismo. Para uno ser la mejor versión de uno mismo. Y ahí volvemos al punto anterior, que se relaciona con el ser y no con el tener.
Si me solazo compitiendo para ser mejor que mi vecino, es que he optado por el camino equivocado. Ahí me mortifico, me lleno de ansiedad, de frustración y de sentimientos tóxicos.
Yo tengo que competir para ser la mejor versión de mí misma.
En este sentido me parece interesante remarcar que una cosa es la autoestima y otra muy distinta es el narcisismo.

-Una sociedad no es sino la sumatoria de las familias que la componen. ¿Qué importancia le atribuyes a la familia en todo esto?
-Acá en la Argentina entró en un quiebre. En esto la situación no es muy distinta a lo que pasa en Chile, por lo que me he informado. En este aspecto ustedes los chilenos son más conservadores, y eso hasta los puede ayudar.
Ahora, al entrar en crisis las religiones también entra en crisis el concepto de familia. Acá tenemos el caso de las llamadas familias ensambladas.
En mis talleres yo hago mucho hincapié en este tipo de familias. Por eso hay que definir muy bien el concepto, ya que ha ido variando con el tiempo.
Hoy por hoy, una familia se define independientemente de los lazos sanguíneos. Hemos pasado de la concepción de la familia clásica a la familia ensamblada. Y algo importante: en la familia están nuestros incondicionales. La familia va de la mano de la palabra incondicionalidad.


LAS SIETE INTELIGENCIAS

-¿A qué aludes cuando hablas del cerebro social?
-La verdad es que hace años lo que le interesaba a los profesionales de la salud mental era la inteligencia cognitiva. Es decir, que el chico aprendiera, que supiera restar, restar y hacer sus tareas, que supiera los nombres de las capitales de las provincias y de los países, que se aprendiera los músculos del cuerpo, los nombres de los huesos, las fechas de las batallas importantes, etcétera. Pues bien, de un tiempo a esta parte, los profesionales de la salud y los educadores nos dimos cuenta que hay siete tipos de inteligencias. Una de ellas es la inteligencia emocional. Y quien comanda esta inteligencia emocional es el neo corte pre-frontal. Se trata de un área del cerebro -en uno de los lóbulos- que se preocupa de lo que son las relaciones con el otro. Es decir, las relaciones inter-personales.
Si hay algo que falla en este neo corte pre-frontal asoman patologías que hacen agua para relacionarse con el otro.
Esto está adquiriendo cada día más importancia. Lo cognitivo -claro está- es muy importante. Pero también lo es la empatía, la facilidad para hacer amigos, la aceptación de sí mismo, el altruismo, poder ayudar al prójimo o desenvolverse en su entorno con cierta soltura. También, que tenga tolerancia a la frustración, que pueda disponer de diversas formas para resolver un problema.




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