Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
Julio de 2011


Dedicado a un GRANDE que se fue
¡HASTA SIEMPRE, FACUNDO!

Facundo Cabral se había ganado hacía años un lugar en el Parnaso de los más exigentes.

Entrevistas en Vertice2000 Un grupo de descastados guatemaltecos emboscaron la camioneta en que viajaba este poeta refractario, el viajero sin meta; mientras una andanada de disparos troncharon la vida de un saltimbanqui del idioma, del trovador innato y del músico de todos.

Facundo Cabral se había ganado hacía años un lugar en el Parnaso de los más exigentes.

Así como sentí una rabia instintiva contra el pueblo guatemalteco, mitigó en parte mi dolor ver a esas 200 personas que se apostaron en el lugar de su muerte exigiendo justicia, con pancartas y fotos de Cabral que decían: "Perdón Argentina"

Fue un verano del año 2006.
Mis andaduras periodísticas me llevaron a pedirle una entrevista. Como estaba solo, me pidió que lo acompañara a almorzar. Yo puse una botella de vino chileno (que le encantaba) y durante casi dos horas me embriagué de su filosofía mundana y callejera, de sus decires y sentires.

Cabral hablaba desde el alma. Para él todo comunicaba y nada carecía de sentido.

Hablamos de libros y le dije que Hug Prather era uno de mis escritores favoritos, porque escribía como él cantaba. Con la humildad de los grandes, me respondió que no había leído a Prather. Le dejé uno de sus libros como regalo.

Mientras llenábamos las copas, le pregunté qué era la fama para él. Arriscó la nariz, hicimos un brindis y me espetó estas palabras: "Hermano… la fama es esa prostituta que un día se acuesta contigo… y al día siguiente con cualquiera.
Es tan traicionera que hasta un pendejo de la farándula puede ser famoso… aunque sea por quince minutos".

Así era Cabral. Irónico a ultranza, iconoclasta por vocación y soñador atemporal.

En medio de la tertulia me dijo que una de las cosas que había aprendido desde joven era no comprar cosas sin sentido. "No comprar cosas me permite tenerme más… estar más conmigo".

No sabía lo que eran ni la depresión ni el miedo.

Según él los depresivos son tipos distraídos. Nada más. Se quedan pegados en un instante, sin percatarse de que la vida son millones de instantes.

Y los miedosos no saben que enfrentar la vida es la mejor manera de gozarla. Y es que Facundo hacía carne aquello de que la vida menos temida da más vida.

Aunque no me lo dijo aquella vez, sigo convencido de que Cabral era un tipo inacabado, conforme a la expresión sartreana, aunque feliz en grado intermitente. Para él la felicidad no consistía en hacer lo que uno quisiera, sino querer lo que uno hace.

Es que la grandeza de un ser humano se mide por su grado de insatisfacción. No podía estar satisfecho quien gozaba cada instante de la existencia y deseaba sumar más y más experiencias a su Haber Existencial.

Por eso convirtió la música en poesía. Y es que la poesía auténtica no es sino la convulsión indomable de la rebelión, el clamor del disconformismo, lejos de los anodinos balbuceos rítmicos.

Me cuento entre la legión que lo admiraba y seguía sus canciones y tocatas. Fue siempre un placer seguirle y escucharle. Y un privilegio conocerle…

¡Hasta siempre, Facundo…!




Por favor, sus comentarios y evaluación. Gracias.

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