Piramides de Egipto
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JORGE ABASOLO ARAVENA
PERIODISTA
jabasoloaravena@gmail.com
TEMAS DE ACTUALIDAD
Enero de 2011


Daniel Seisdedos,
experto en Talleres de Crecimiento Personal

"LA TOLERANCIA AL DOLOR PUEDE APRENDERSE"

Consultor en desarrollo personal y organizacional y ha dictado ya cerca de trescientos talleres. Como escritor ha sido prolífico: en cuatro años, tres libros infantiles y seis libros para adultos.

Cuando se trata de abordar el tema del dolor, se hace necesario hablar del homo patiens, menos conocido que el homo faber, pero harto más edificante. El homo patiens es aquel individuo que opta por actitudes valiosas, en lugar de optar por la realización en sí de sólo valores creativos, por importantes que sean.

Frente al homo faber -para quien el triunfo del homo patiens asoma como necio y absurdo- éste percibe el mundo de los valores como realización o desesperación personal.

El homo patiens está consciente de que puede realizarse hasta en el fracaso más rotundo y en la adversidad extrema. Para el hombre doliente el no desesperarse constituye ya un modo de realización. Y es que el sufrimiento alberga muchas posibilidades de sentido: un rango de valor muy superior a la posibilidad de sentido de producir. El hombre doliente hace suya la afirmación de Goethe, en el sentido de que "no existe ninguna situación que no se pueda ennoblecer o por el actuar i por el soportar".

Nada mejor que conversar de éste y otros temas con el periodista Daniel Seisdedos, dedicado hace años a dictar Talleres de Crecimiento Personal.
Nacido en Santiago en 1968, se define a sí mismo como "humanista y soñador". Es consultor en desarrollo personal y organizacional y ha dictado ya cerca de trescientos talleres. Como escritor ha sido prolífico: en cuatro años, tres libros infantiles y seis libros para adultos.


-Una de las razones por las cuales mucha gente no va a la Iglesia y no adhiere a un credo religioso es por el dolor. Señalan que un Dios tan poderoso y omnipotente no puede aceptar tanto dolor en los seres humanos…
-He observado esa queja en algunos. Creo que uno de los caminos más fáciles es culpar a alguien, a algún otro, por el dolor, y quién mejor que Dios, como creador de la vida, para hacerlo responsable de todo lo que nos depara esa vida. Dios acepta el dolor porque este es parte natural de la existencia. Somos nosotros los que a veces nos revelamos contra el dolor y no lo aceptamos. ¿Por qué tolerar solamente lo que nos gusta y rechazar lo que nos disgusta?

Para mí, es señal de cobardía y de falta de entereza. Y culpar a Dios por darnos una vida tan hermosa, de la cual el dolor forma parte esencial en nuestro crecimiento personal, me parece incluso una desfachatez. Pero no es que rechace a quienes piensan así. Creo que tienen sus razones, en sus propias historias de vida, para rebelarse ante el dolor, que es rebelarse ante la vida.
La buena noticia es que la resiliencia y la tolerancia al dolor pueden aprenderse. Incluso se puede ser feliz aunque estemos experimentando un gran dolor. Eso es lo que explico en el libro que me publicaron el año pasado: El secreto del junco. Ese libro nació después de haber relatado 250 talleres y de haber conversado de temas como estos con las miles de personas que me ha tocado capacitar.
Todos tenemos historias de vida complicadas. Lo importante es que aprendamos de ellas en vez de quejarnos.


-El padre Larrañaga señala que él no enseña a no sufrir, sino a sufrir menos. ¿Qué opinas de ello?
-Me gusta mucho el padre Ignacio Larrañaga. Él no le hace el quite al tema del dolor. Te reproduzco uno de sus textos: "Como una ciudad sitiada, me cercan y aprietan y ahogan la angustia, la tristeza, el amargor y la agonía. ¿Cómo se llama esto? ¿Náusea? ¿Tedio de la vida? La desolación extiende sus grises alas de horizonte. ¿Dónde está la puerta de salida? Pero ¿hay salida? Tú eres, sólo Tú eres mi salida, Dios mío".
¿Te das cuenta? El padre Larrañaga nos ejemplifica muy bien la actitud que adoptan otros: deciden tener a Dios como su consuelo y su apoyo en el dolor, y no como el culpable de su dolor.
Una vez un participante cristiano me regaló este pensamiento: "No digas 'Mira, Dios mío, ¡qué gran problema tengo!', sino 'Mira, problema, ¡qué gran Dios tengo!' Me parece que por ahí se nos abre un camino más sano. Pero creo que también tiene sus peligros el hecho de sentirnos que nosotros mismos no somos valiosos o que la vida tampoco lo es. Yo no creo que la vida sea algo terrible o feo y que Dios sea lo único agradable y hermoso. Yo pienso y siento que la vida es una gran belleza y nosotros también.
Dios no nos hizo para sufrir. Y el dolor que él "permite", verbo que emplean algunos, tiene un gran sentido, que explico en mis libros. Y mis argumentos no son solamente racionales ni basados en otros autores, sino que es algo de lo que estoy seguro porque lo he descubierto en mi propia vida y en las vidas de miles de otras personas que me lo han contado.
Además, no es cierto que estemos en un valle de lágrimas. Yo creo que Dios es un ser alegre y no alguien triste que se esté lamentando. Ni siquiera se queja de lo ingratos que somos nosotros con él.
Por eso, en relación con lo que aludías del padre Larrañaga sobre que se puede aprender a sufrir menos, ¡estoy completamente de acuerdo! Mi postura sobre el sufrimiento es que este, muchas veces, es una construcción mental. Me parece sano estar triste y experimentar a concho esa emoción cuando nuestro cuerpo y nuestro corazón están acusando un golpe. Pero de ahí a elaborar todos esos rollos mentales que a veces tendemos a construir y a caer en el "Qué triste es mi vida" o "Nadie ha sufrido tanto como yo" hay un verdadero abismo.
Como profundizo en el capítulo final de El secreto del junco, al abordar la resiliencia o actitud culminante del espíritu, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento que generamos a partir de él es, finalmente, una actitud y una opción. Esta visión es apoyada por uno de mis más grandes maestros: el sacerdote jesuita Anthony de Mello. Este maravilloso sabio expresaba: "Me dirás que el dolor existe. Sí, es verdad que el dolor existe, pero no el sufrimiento. El sufrimiento no es real, sino una obra de tu mente".
Puede sonar hasta duro planteado así para una persona que siente estar sufriendo con justa razón. Pero es un hecho que nuestra vida es gobernada por nuestros rollos mentales, que se manifiestan en lo que la Programación Neurolingüística denomina "diálogo interior": qué es lo que nos estamos diciendo dentro de nuestro ser, aunque nadie más lo escuche.


-¿Crees que en la cultura occidental uno de los errores ha sido poner la razón por sobre todas las cosas? Priorizarla demasiado…
-Absolutamente de acuerdo. Debemos recuperar las emociones, el cuerpo y el espíritu, que son dimensiones fundamentales de nuestro ser, que es integral. Uno de los principales errores de los seres humanos, sobre todo en Occidente, es que construimos un mundo falso: creamos en nuestra mente una realidad propia, subjetiva, que no es la realidad real. Esto se relaciona con los rollos mentales. En el lanzamiento, en la Estación Mapocho, de mis nuevos libros, los de la colección Semillas, puse el caso de los animales: el padre se disgusta con el hijo y le gruñe fuertemente. El hijo queda asustado. Ambos viven a nivel de las emociones. Pero luego de un par de horas, están juntos nuevamente siendo una familia. En cambio, los seres humanos, a partir de los nuestros constructos mentales, somos capaces de estar peleados por 20 años y no hablarnos más entre hermanos, e incluso somos todos potenciales asesinos.

Entonces, me pregunto, Jorge, ¿quiénes son más sabios?: ¿los seres humanos o animales "racionales" o bien los animales a quienes calificamos de "irracionales"?


-Sobre lo mismo, en Chile nos enseñan desde niños que hay que ser fuertes.
-La vida me ha enseñado que puede ser bueno ser fuertes, claro… Pero también me ha enseñado que es bueno ser flexibles… El vidrio se rompe por ser demasiado fuerte y poco flexible. Lo mismo nos pasa a los seres humanos. El paradigma que predomina es el de la fortaleza del roble, que es un tipo de resiliencia. El roble resiste oponiéndose al viento. ¿Pero sabes qué? Si el viento es muy fuerte, igual puede terminar derribándolo.

Por eso, a mí me hace más sentido la resiliencia flexible, que es la que observamos en el junco. La resiliencia o resistencia del junco nace de su flexibilidad, es decir, de su adaptabilidad. En vez de oponerse al dolor haciéndose el fuerte, el junco acepta ese dolor y aprende a doblarse con él. Creo que muchas veces esta es la manera más inteligente de resistir. En el quinto libro de la colección, ¡Resistiré!, el propio junco cuenta su historia y nos muestra cómo logró aprender las actitudes para la calidad de vida, incluyendo la resiliencia, máxima expresión del poder del espíritu (humano y de todo el Universo).
Date cuenta de qué maravilla: así como podemos aprender de los animales irracionales, ¡podemos tener como maestros a los vegetales! La sabiduría del Universo está en todas partes. Es cuestión de que miremos mejor.


-Nuestra cultura hace poco hincapié en la entrega hacia los demás. En el fondo, quien no vive para servir, no sirve para vivir…
-¡Qué fabulosa frase! La aprendí en mi adolescencia y siempre la recuerdo. También la aplico. Mi misión en la vida está relacionada con ella. Efectivamente, Jorge, nos encontramos en un mundo bastante egoísta. Vamos construyendo un ego que se convierte en una coraza y que aísla nuestro espíritu del contacto con la esencia de la vida, del universo y de los demás.
Lamentablemente, ese ego no está basado en el amor, sino en las pérdidas que hemos tenido en nuestra vida, y no es siquiera amor a sí mismo, sino miedo, desconfianza, frustración, angustia. Vivimos disociados de nuestro ser interior. No amamos apropiadamente a los demás, y la razón es que no sabemos amarnos bien a nosotros mismos. Jesús dijo: "Ama al prójimo como a ti mismo". Y también: "No he venido a ser servido, sino a servir". La autoestima es la base del amor a los demás expresado como servicio.
Ocultamos nuestra falta de autoestima comprándonos cosas y basando nuestra autoimagen en las apariencias. Olvidamos que el espíritu es inmaterial y que nosotros no valemos por los bienes materiales que tenemos, sino por lo que somos, y esto se refleja, principalmente, en nuestras acciones: hacia nosotros mismos y hacia los demás.


-En la juventud chilena se percibe poca tolerancia al fracaso. ¿Por qué no ver el fracaso como una forma de crecimiento?
-Porque no les hemos enseñado eso a los jóvenes. El cómo está la generación adolescente es responsabilidad de nosotros, los adultos que los formamos. Hemos buscado compensar nuestra falta de cariño satisfaciéndoles sus caprichos y comprándoles objetos que supuestamente van a sublimar la falta de verdadero amor por sus padres. Y, cuando les enseñamos sobre la vida, nos ven con el seño fruncido, molestos, o tristes y amargados. No les hablamos de que el fracaso entendido como aprendizaje es algo hermoso, sino que les generamos rechazo. Los adultos odiamos fracasar. Esa es la verdad.
Es lógico que los jóvenes no quieran ser como nosotros. Les decimos que el fracaso es una forma de crecimiento, pero lo planteamos de la boca para afuera. Ante los adolescentes, con nuestra actitud predominante, no somos, precisamente, el ejemplo de haber crecido mucho. Por eso prefieren nuestro ejemplo de comprar cosas para ser supuestamente felices ocultando nuestro verdadero estado, que es de insatisfacción o de angustia. Somos nosotros quienes les hemos enseñado que todo es desechable, que a rey muerto rey puesto, y que no existe el fracaso si podemos comprarnos cualquier cosa nueva en la vida: incluso las relaciones con otros.


MOTIVACION

-"No todo lo que se enfrenta puede cambiarse, pero nada puede cambiarse si no se le enfrenta". ¿Cómo te llega la frase?
-Me gusta, pero le cambiaría algo, y espero que no lo sientas como un "enfrentamiento" (risas). Precisamente, no usaría la palabra "enfrentar". Ese verbo me connota pelea o conflicto. Para mí, la vida no se enfrenta, sino que se asume, se siente, se disfruta, se agradece. Y lo mismo con los aspectos aparentemente desagradables de la vida, como las dificultades y el dolor. En relación con el concepto de cambio, es, para mí, una de las actitudes fundamentales para la calidad de vida.
Tanto la adaptación al cambio como la creación de los cambios (o creatividad) son temas que abordo en varios de mis libros y también en mis consultorías a empresas. Existe una gran paradoja en relación con el cambio: a los seres humanos se nos define como "los más capaces de adaptarnos a los distintos entornos y situaciones, incluyendo vivir en cualquier tipo de clima" y, simultáneamente, "animales de costumbres". Y esta paradoja es propia del Universo entero: tanto la estabilidad como el cambio son propios de todo lo que existe. Son el yin y el yang: lo femenino y lo masculino, la trama integradora y el movimiento diferenciador.


-Ya que hablamos de motivación, ¿no crees que muchas veces la diferencia entre lo posible y lo imposible radica en la fuerza de carácter de la persona?
-Sí creo, aunque yo prefiero llamarle "fuerza de espíritu". Con mi equipo de consultores estamos avanzando hacia una ética distinta, aplicable tanto a nivel personal como organizacional. Stephen Covey, el más célebre consultor contemporáneo, pese a toda la sabiduría que nos ha trasmitido, permanece en la ética del carácter y no está del todo en la ética del espíritu.
Para Covey, la proactividad nos diferencia de los demás animales y es algo más bien mental, es decir, del carácter. Personalmente, estoy en desacuerdo con él en varios aspectos, más allá de que haya sido uno de mis principales maestros. En mi visión, la diferencia entre lo posible y lo imposible radica en la proactividad, pero esta no es una fuerza del carácter o de la mente, sino el poder del espíritu, y no sólo del ser humano, sino de todo el Universo. Y también radica en la resiliencia, que es la expresión máxima de la proactividad, que también es propia de todo el Universo, animado e inanimado. En Consultora Proactiva, denominamos, a la resiliencia, "la magia del espíritu".


FELICIDAD

-¿Cuál es tu receta para la felicidad?
-Podría contestarte lo que nos responde el maestro en Preguntas para un maestro, que es mi primer libro escrito, pero que recién se publicó ahora, como tomo 1 de la colección Semillas. El maestro, que se muestra varias veces pesado y desafiante, te respondería algo así como: "No preguntarle jamás a otro cuál es su receta para la felicidad". Pero, para no dejarte con las ganas, te diré que mi receta, como la llamas, es ser agradecido de la vida. Es algo de lo que me di cuenta de niño, que después olvidé, y que de adulto volví a descubrir. Y fue muy hermoso cuando, leyendo a Anthony de Mello, él lo explicaba tal cual.
La felicidad es una actitud de agradecimiento, porque es imposible sentirse, simultáneamente agradecido y no feliz. Sé que a muchos les suena súper deschavetado, pero es algo que observo en todas las personas felices. La felicidad es una decisión y una actitud. También lo ve así Nick Vujicic, el orador motivacional que no tiene extremidades y que estuvo este año en Chile. Asistí a una de sus conferencias. Nick planteó que quien no es feliz hoy no podrá ser feliz mañana.
¡Hay que decidir ser feliz! Y él comenzó a serlo cuando dejó de quejarse por lo que no tiene y comenzó a agradecer lo que sí tiene.
Y agrego yo, hay que hacerlo hoy, porque hoy es el único día que existe y no sabemos si estaremos aquí mañana. Además, quien no es feliz en lo poco no podrá ser feliz en lo mucho. Hay quienes lo tienen todo y viven en Vitacura o La Dehesa, los sectores más pudientes de Chile, pero no son felices; y hay quienes viven en una población con una mediagua cayéndose a pedazos y nos sorprenden con su sonrisa sin dientes en televisión: "Yo soy tan agradecido de la vida. ¡Yo soy tan feliz!". El terremoto de este año sacó a la luz muchos ejemplos de estos dos casos contrapuestos.
Ahora en la Teletón nos emocionaremos con muchos más. Sin embargo, a los pocos días, muchos volverán a la actitud de infelicidad, que surge del reclamo y del malagradecimiento.
Cuando comenzamos a vivir desde la felicidad, desarrollamos la habilidad de agradecer incluso el dolor. Por eso es que se puede ser feliz y sentir dolor al mismo tiempo.


CAMBIO

En la vida hay quienes son tenaces en su camino hacia un logro. Pero, ¿a veces no es mejor cambiarse de ruta que insistir en el mismo camino?
-La tenacidad o perseverancia debe manejarse con cuidado. En todas las actitudes, se nos puede pasar la mano. Por eso yo recupero la visión aristotélica de las actitudes, que es la palabra moderna para lo que él llama "virtudes". La virtud es el justo medio entre dos defectos: la falta y el exceso. En el caso de la perseverancia, resulta tan disfuncional ser poco perseverante como ser demasiado perseverante. En este segundo caso, nos convertimos en tozudos. Por más que me ponga a pegarle a una pared con mis puchos con máxima perseverancia, jamás la voy a echar abajo. Prefiero aplicar más inteligencia y equilibrio y buscar, creativamente, un camino lateral.
Así que mi respuesta es sí: muchas veces es mejor cambiarse de ruta que insistir en el mismo camino. Si supieras cuántas veces he cambiado yo mi ruta… Pero hay algo que no cambio: mis valores y mi misión en la vida. Hay que tener cuidado también con la actitud de propensión al cambio. Cambiar ciertas cosas puede estar muy bien, pero cambiar todo puede ser la peor idea que tengas en tu vida.
En todos sus aspectos, la existencia es el equilibrio entre el yin y el yang.


-¿Qué diferencias establecerías entre éxito y logro?
-Para mí, el éxito es lograr hacer con tu vida lo que quieras hacer con tu vida. Muchos lo asocian al dinero y a los bienes, y lamentablemente la autoayuda de mala calidad, proveniente principalmente de Estados Unidos, lo refuerza con mensajes como estos: "Ser exitoso es cómo ganar tu primer millón de dólares". Para mí, esa visión del éxito es una pelotudez, aunque también respetable, pues el éxito es algo subjetivo. Mientras no dañes a otros, creo que tienes derecho a que para ti el éxito sea cualquier cosa: el trabajo, la familia, el cambio social, el desarrollo del espíritu, tu comunidad, en fin… El Mercedes Benz también.

Los logros, en cambio, son agentes motivadores. Cuando generamos un logro o cuando alcanzamos un sueño, eso nos motiva a seguir adelante en la vida. Por eso, una de las actitudes claves para la vida es nuestra capacidad de soñar, que considera idear y fantasear, pero también realizar y lograr. Pero debemos cuidarnos de un tremendo peligro: pensar que la felicidad está dada por nuestros logros o nuestros sueños cumplidos.
Claramente cumplir los sueños no trae la felicidad, como nos lo demuestran miles de casos, incluidos el de Michael Jackson, el de Elvis Presley y el de tantos personajes de la farándula nacional e internacional.
Ya dije que la felicidad es agradecer. Y, por cierto Jorge, te agradezco mucho esta entrevista. Y gracias por la posibilidad que me das de llegar con estos mensajes a tantas personas que lo necesitan. Espero que mi colección Semillas germine en sus corazones. Si puedes, por favor, invita a tus lectores a visitarme en www.academiadelaspalabras.cl, en www.consultoraproactiva.cl y en www.elsecretodeljunco.cl También estoy en Facebook, y encantado en construir amistad con más personas del sur.

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