Piramides de Egipto
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Isidoro Loi

EL HUMOR Y EL ARTE SALVAN A LA GENTE

Casarse con la segunda mujer es la clave para que el matrimonio permanezca, dice este arquitecto del humor que acaba de lanzar su nuevo libro: "El Cuerpo y sus miembros" .

Por Jorge Abasolo Aravena
jabasoloaravena@gmail.com

Julio de 2010

Isidoro Loi es autor de seis entretenidos y controvertidos libros. De esos que suelen zamparse en una tarde o -a lo más- en un fin de semana, y para recomendarlos y comentarlos con los amigos.

El primero, La Mujer, fue un batatazo en ventas que aún no ha podido superar. Tanto así que fue publicado en Chile, Argentina, México y Colombia, y traducido al alemán, francés y portugués, con más de cien mil ejemplares vendidos.

A ese suceso literario, La Mujer le siguieron El Matrimonio, Padres e hijos, Que Dios se lo pague y Hombres, obras en que Isidoro Loi recoge costumbres, leyes, anécdotas y aforismos, donde exuda fino humor y sutil ironía. También ha publicado Las columnas de don Isidoro, que reúne sus artículos periodísticos aparecidos en diarios y revistas de Chile, Ecuador, España y México.


EL CUERPO Y SUS MIEMBROS

Desde tiempos inmemoriales el cuerpo humano ha servido para dar rienda suelta a los más divertidos chistes y originales pullas.

Y así, de una persona con manos grandes decimos que hasta puede tocar las castañuelas con dos tapas de water.

Si posee orejas de un porte más allá de lo normal decimos que tiene la cabeza entre paréntesis.

Las bocas grandes también dan para todo tipo de bromas. Es cosa de recordar al gran trompetista norteamericano Louis Armstrong, a quien apodaban "Satchmo", es decir, boca de baúl.

Una mujer con pechos turgentes y demasiado abultados da para todo. Como que cuando juega fútbol quedaba off side de inmediato.

La estatura también sirve para que los humoristas hagan su agosto. Por ejemplo: ese tipo era tan chico que no le cabía la menor duda.

Justamente la estatura ocupa un lugar preferencial en este libro de Isidoro Loi.
Nos relata que el actor Humphrey Bogart (1899-1957) era más bien bajo, y llevaba alzas, es decir, gruesas suelas que le proporcionaban mayor altura.
Así, cuando filmó Casablanca con Ingrid Bergman -que medía un metro setenta y ocho-, Bogart llevaba zapatos de plataforma que aumentaban de manera significativa su estatura.

Pero no se aflija si tiene el complejo de Napoleón.
Grandes escritores han sido coretos de estatura. Ahí están los casos de Honorato de Balzac, Truman Capote, René Descartes y el genio de Montesquieu.

Gobernantes también lo ha habido tímido de estatura, como Nikita Krushev, Atila, Napoleón, Mahatma Gandhi y Francisco Franco.
De músicos ni hablar. Chicos célebres han sido Sebastián Bach, Beethoven, Joseph Haydn, Richard Wagner y el propio Mozart.
Y entre los artistas y cantantes hay más, como Paul Anka, Charles Chaplin, James Dean, Dustin Hoffman y Elton John.

Isidoro Loi nos pasea por las más extrañas y recónditas costumbres humanas, las que nos mueven a hilaridad, pero que en si tiempo se respetaban con rigor litúrgico.

En la antigua Inglaterra -por ejemplo-, los súbditos no podían tener relaciones íntimas sin contar con la anuencia del rey, a menos que se tratara de un miembro de la familia real. Cuando la gente quería procrear un hijo debía solicitar un permiso al monarca, quien le entregaba una placa que debía colgarse afuera de la puerta mientras tenían relaciones.
La placa decía Fornication Under Consent of the King (F.U.C.K.), origen de la muy socorrida palabra inglesa fuck.
Entretenido, anecdótico y ameno.

De eso trata el último libro de Isidoro Loi. Imperdible para estos azacanados tiempos que se viven.
En El Cuerpo y sus miembros el autor hace una labor de espeleólogo, al reunir material humorístico/anecdótico que logra capturar la atención del lector de punta a rabo.

Un trabajo digno de encomio.

-Se han cumplido las expectativas que te habías forjado al momento de escribir este, tu último libro?
-Sí, desde luego. Y lo que me tiene contento de este libro, es que por primera vez yo escribo más de lo que cito. Hay más de mi propia cosecha en este trabajo, y menos transcripción.

-A tu juicio, ¿qué es lo que más caracteriza al chileno de hoy en día?
-El hecho de que no sepa hablar. También hay que admitir que es muy acogedor con los extranjeros, aunque esa no es una condición exclusivamente chilena. Se da en muchos países.
Lo que resalta en el chileno es esa capacidad de invitar a su casa con relativa facilidad. Hay países en donde te pueden acoger bien, pero es muy difícil que alguien te invite a su casa.

-Jenaro Prieto decía que en cada chileno cohabita un empleado publico. ¿Te interpreta la frase?
-Bastante. Me he fijado que la gente común y corriente pierde las cosas con facilidad. Hace algunos años, yo trabajaba en pleno centro de Santiago; y frecuentemente me iba un paso adelante de la gente que iba conversando. Y me fijaba que la inmensa mayoría andaba haciendo trámites porque se le había perdido el carnet, haciendo trámites porque se le había perdido la licencia de conducir, otro se veía molesto porque se había quedado de juntar en una esquina y el amigo no había llegado. Lo que te quiero decir es que hay en Chile una cantidad inmensa de personas que está perdiendo soberanamente el tiempo.


CARENCIA DE SOBRIEDAD

-Hace unos años un diario boliviano se preguntaba: ¿qué es un chileno? Y más abajo se contestaba: es un tipo muy parecido al argentino, pero peor vestido. ¿Hay demasiado arribismo en el país?
-Creo que sí, y creo que eso va de la mano con el desarrollo económico que ha tenido el país. Yo lo he palpado en algunas casas de amigos de mis hijas, unas casas macanudas, verdaderas mansiones… y preguntas dónde está la biblioteca que no se ve. Y te responden que no hay, que no tienen.
O sea, es gente que ha hecho dinero, que tiene vehículos 4x4, pero no tienen ni diccionario. Esa persona lo evalúa todo a través de la plata, que no es sinónimo ni de inteligencia ni de cultura. Es una habilidad, no más.

-¿De qué manera un arquitecto se convierte en escritor de libros humorísticos?
-Yo creo que con el humor pasa lo mismo que con el liderazgo y con los deportistas. Los líderes no siguen cursos de líderes, ni se eligen por votación.
En un curso de pronto se impone el líder, nadie sabe cómo ni por qué. El hecho es que de pronto aparece una persona que empieza a liderar.
A Maradona nadie le enseñó a jugar fútbol, porque no es fácil instruir a una persona en el balompié. Se le puede mejorar un poco, hacerlo más inteligente, pero uno nace constas cosas. Y en el humor hay un poco de eso. Se nace con humor o no. En el colegio, por ejemplo, siempre hay un chistoso en el curso.
Yo fui un tallero siempre, pero nunca he sabido contar chistes.
Y a propósito del humor, yo siempre que puedo recuerdo una cosa que dijo Shakespeare. El decía que en un chiste es más importante el que escucha, que quien lo cuenta.

-¿Cómo te conviertes al humor literario?
-Guardando las proporciones, a mí me pasó un poco lo de Virginia Wolf. Es decir, se me planteó el tema de que no tenía mesa. En mi casa no tenía una habitación con mesa para escribir. Y bueno, de pronto resolví ese problema de modo harto improvisado.
Respondiendo derechamente tu pregunta, soy un convencido de que el humor y el arte salvan a la gente. Y lo digo porque este mundo es muy difícil de vivirlo. Como a mí me gusta el humor y disfruto con el humor, la tarea se me hace grata.


DEL MATRIMONIO…

-Hay un libro tuyo acerca del matrimonio que se vendió mucho. ¿Eres un casado feliz?
-Sí, creo que sí. Yo estoy entre los que no quieren arrancar del matrimonio. Eso sí, te debo aclarar que soy casado en segundas nupcias.

-¿Qué es lo mejor del matrimonio a tu edad?
-Yo tengo 70 años. El ideal es que se casen dos separados. Mi señora también cuenta con un primer matrimonio a su haber. Cuando decidimos irnos a vivir juntos, le dije a mi mujer: hágame una lista con las cosas que le gustan y las que no le agradan. Yo por mi parte, también hice una lista. En mi lista figuraban cosas como no colgarle el teléfono al otro. Eso es demasiado irritante para mí. Otra: no a las mascotas…

-Ahí no estoy de acuerdo…
-¡Pero si la lista es mía, pus! (Se ríe) Una tercera cosa que puse en la lista fue "nada con la radio y los ruidos". Y eso que a ella le encanta la música. Yo llego a mi casa y la radio se apaga. Lo que pasa es que yo creo mucho en Harpócrates, el Dios del Silencio. Yo soy un adorador de ese Dios. Fíjate que en mi casa hay una excelente colección de música clásica, pero si me dan a elegir entre la Quinta Sinfonía de Beethoven y el silencio, me quedo con el silencio.

-¿Qué cosas te llaman la atención del Chile de hoy, como para incluirlas en un próximo libro?
-Como tu sabes, mis libros abarcan toda la humanidad, porque a mí me gusta el asunto de las relaciones humanas, lo concerniente al cómo son las personas.
Si tu observas, te darás cuenta que el matrimonio no ha cambiado gran cosa a través de los tiempos, desde que empezó la historia. Hay que aclarar que la historia empieza con la escritura.
Es decir, en el año 3500 A.C. los sumerios escribían de modo cuneiforme, con unas cuñas sobre ladrillos. Pues bien, uno de los ladrillos más antiguos que existen… ¡es de un hombre que se queja de su señora, pues! (Nos reímos)
Eso de que la historia se repite es muy cierto.

-En tu condición de arquitecto, ¿es Santiago una ciudad atractiva?
-A mí me gusta Santiago. En mis setenta años nunca he estado más de dos meses fuera de esta ciudad. Y me gusta porque encuentro que es muy cómodo vivir en un lugar que uno conoce de memoria, y donde se pueden leer los titulares de loa diarios y entiende todo. Yo no podría -por ejemplo- irme a vivir a Colombia y entender un titular que diga: "Pillaron al Cazamoscas". ¡Hay que ser colombiano para entender eso!
Yo no puedo saber quién es el Cazamoscas…
A mí me gusta estar en un lugar donde pueda entender todo lo que está pasando. Y eso pasa por leer losa diarios escritos de modo que cualquiera los pueda entender. Y me gusta pasear por mis calles preferidas y pasearme por la plaza…

-A propósito, ¿es el pueblo colombiano más acogedor que el chileno?
-Es difícil meter a toda la gente en un paquete. Es como hablar del chileno. El pueblo chileno está constituido de muchas personas, donde la parte cultural y la parte económica influyen mucho.

-Pero se supone que cuando hablamos de pueblo nos referimos al punto medio…
-Cierto. Ahora, los colombianos tienen la gracia de que hablan bien. Una de las cosas que nos impide como pueblo expresar nuestros sentimientos es la falta de expresión. Por eso yo me sorprendo al ver la televisión de España, de Colombia, de Ecuador y de Bolivia la forma en que hablan de mejor modo que nosotros el idioma castellano. Es decir, hablan la misma lengua, pero harto mejor que nosotros. En esas latitudes cualquier persona de la calle habla como un profesor universitario en Chile.
En Chile la gente maneja muy pocas palabras.
Los chilenos somos grises hasta en el hablar.

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