Piramides de Egipto
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ANTONIO YELPI AGUILAR
CIENTISTA POLITICO
antonioyelpi@hotmail.com
ACTUALIDAD POLITICA
Julio de 2011


PARTICIPACION Y EJERCICIOS CIUDADANOS

Vemos a la participación como una invocación democrática tan cargada de valores que resulta prácticamente imposible imaginar un mal uso de esa palabra, como aquella que la contiene
-VIVA LA DEMOCRACIA-

La democracia, básicamente es el motor de un sistema político, como tal en él se conjugan una sumatoria de partes que interactúan como valores, acciones y dinámicas, ciertamente el concepto de participación es uno de los términos que se usan con más frecuencia en el lenguaje político cotidiano y quizá ninguno goza de mejor fama. Aludimos constantemente a la participación de la sociedad desde planos muy diversos y para propósitos muy diferentes, pero siempre como una buena forma de incluir nuevas opiniones y perspectivas. Hemos sido testigos como los actores sociales, estudiantes secundarios y universitarios se han organizado y demostrado PARTICIPACION Y ORGANIZACION en la lucha por sus demandas.

Desde la naturaleza política de los asuntos públicos se invoca la participación de los ciudadanos, de los estamentos sociales, organizaciones territoriales o funcionales, agrupaciones sociales de diversos conjuntos. Ello para dirimir problemas específicos, para encontrar soluciones comunes o para hacer confluir voluntades dispersas en una sola acción compartida.

Y va a caer decía la lucha ciudadana de los 80; NO mas LOCE la revolución pingüina; Hoy mejor educación, no al lucro rezan los eslogan estudiantiles, etc. Vemos a la participación como una invocación democrática tan cargada de valores que resulta prácticamente imposible imaginar un mal uso de esa palabra, como aquella que la contiene -VIVA LA DEMOCRACIA-

La participación suele ligarse, por el contrario, con propósitos transparentes -públicos en el sentido más amplio del término- y casi siempre favorables para quienes están dispuestos a ofrecer algo de sí mismos en busca de propósitos colectivos. La participación es, en ese sentido, un término grato que ha sido creada por las personas para realizar una vida en común.

Para que este sistema de resultados, no basta con tener estructuras de poder democráticas sino que es imprescindible adoptar valores, actitudes y conductas democráticas tanto entre los gobernados como los gobernantes, aquí la idea de participación se cruza notablemente con el concepto de ciudadanía y con elementos definidos por Marshall. Este estudioso Ingles que partiendo del análisis de la historia británica, distingue tres dimensiones en la ciudadanía moderna: la civil, la política y la social.

La ciudadanía civil comprende los derechos necesarios para la libertad personal, la libertad de expresión y de pensamiento, los derechos de propiedad y los derechos a la justicia. Fueron los primeros derechos conquistados para enfrentar el abuso en el ejercicio de la autoridad; y el Estado debe ser garante de estos derechos civiles y protegerlos contra los abusos.

La ciudadanía política supone el derecho a participar en el ejercicio del poder político a través del voto y el derecho a ser elegido.

Pero la contribución de Marshall es agregar la dimensión social de la ciudadanía, conformada por los derechos a la educación, al bienestar y a la seguridad económica y social. Este concepto de ciudadanía social incluye derechos y también obligaciones, tales como el derecho y la obligación del trabajo, el pago de impuestos, la educación de las nuevas generaciones, el acceso a la salud, etc.

Con tales antecedentes tenemos que: democracia + participación = ciudadanía. Las actitudes y modos de comportamientos democráticos tienen como base la adhesión a valores de la dignidad de la persona humana, de la búsqueda de la verdad, del desarrollo de la libertad y de la justicia. "La fuerza de una democracia depende de la voluntad de un pueblo en mantenerla" (Mario Verdugo y Ana María García).

Los griegos llamaban "politikos" a los hombres que se interesaban y participaban activamente en todos los problemas de la polis, en tanto a los indiferentes, quienes permanecían ajenos a los asuntos del bien común, se les llamaba "idiotikos" (idiotas).

En la actualidad, en las sociedades democráticas, se desarrolla una especialización de funciones; hay hombres y mujeres dedicados a la política, otros a la ordenación y administración del Estado y otros ajenos a la actividad política, limitándose a comportarse dentro de las leyes y a depositar su voto en una urna, cada cierto tiempo, o a pronunciarse en alguna asamblea o partido político.

Ciertamente, una básica participación ciudadana en la "cosa pública" es ejercer el derecho a sufragio, para lo cual según la legislación chilena, es preciso estar inscrito en los registros electorales a contar de los 18 años de edad. Pero la participación del ciudadano tiene relación también con atreverse a dar la opinión, cuestionar, criticar y discutir cuando el caso así lo amerite; ya sea en el colegio, la universidad, el trabajo, el gremio o el sindicato, la junta de vecinos, el partido político, etc.

Con el aumento de complejos problemas en el mundo moderno se requiere más que nunca de una real, efectiva y continua participación ciudadana.

No puede permitirse al ciudadano democrático la actitud de que "el otro lo haga" y como lo dice Murray: "El hombre que se somete a los abusos públicos a fin de ahorrarse molestias o gastos, o que paga con tal que le dejen en paz, o que orgulloso de su probidad y de sus triunfos en los negocios, pretende despreciar la política, contribuye a la degradación del gobierno y a la demolición de la estructura tan ardua y penosamente erigida por los auténticos demócratas" (Verdugo y García).




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